Lo recuerdo claramente: estaba tocando el bajo en un ensayo de la Banda Paralela de Jorge, fallecido este martes, y tomé una nota equivocada. Jorge Ilegal paró el ensayo y me dio un cabezazo. Dijo: “Siempre he tenido una manera muy rápida de hacer que mi banda suene genial. Descubrirás que no volverás a cometer el mismo error”. Y así es. No me equivoco. Pero esa no es su única forma de enseñar. Sus conversaciones son puramente poéticas, tienen un encanto nietzscheano. Zaratosta dijo, La evocación cultural de Borges y el tono aforístico de Quevedo. Él mezcla todo y todo funciona para Él. Detrás de esta aparente bestialidad se esconde un hombre que ha invertido tanto tiempo en el alcoholismo que ya no le aporta nada y lucha por recuperar el tiempo invertido.
Él realmente se preocupa por ti y te llamará en su tiempo libre sólo para ver cómo estás. Es muy generoso. Con sus conocimientos, pero también con sus contactos (Babylon Chàt nos ayudó a conseguir el contrato discográfico ideal en “Madrid”) y, como buen asturiano, no te dejaba pagar ni aunque le mataran. Se ofrece a producirte o hacerte venir a su estudio a grabar. Él mismo pintaba maravillosamente su colección de soldaditos de plomo y de vez en cuando te los regalaba: “Para tus hijos”.
Para él todo es extremo. Hay algunas noches geniales, y otras que pueden llevarte a urgencias, pero los mejores momentos no están en la calle sino en casa, despojado de su personaje Nosferatu. Si tienes suerte, podrás verlo terminar una nueva canción: sus manos persiguiendo acordes inusuales a través de su vasto léxico musical interno mientras busca las palabras correctas.
Tiene el talento codiciado para mejorar cualquier lugar al que vaya. Su presencia crea nuevas corrientes en el aire, e incluso el tiempo vibra de otra manera.
Había algo en él que lo diferenciaba de otros músicos. No es sólo su abrumadora cultura o su personalísimo sonido de guitarra, sino el hecho de que parece una figura mítica que trasciende la realidad. Su extraordinaria sobriedad le permitió conversar con Ortega y Gasset y imaginarlo más fácilmente en en el banquete, Platónico, él es almuerzo desnudo Bukowski.
Jorge siempre me dijo que el genio y la estupidez son inherentes al ser humano y que, aparte de la tecnología, no hemos cambiado mucho a lo largo de los milenios.
Lo extrañaremos mucho. Es difícil olvidar su risa sonora, su conversación alerta, sus ojos del Mar del Norte y su constante inquietud.
Como epitafio, una palabra dejada a las generaciones futuras. Destruye a los ángeles, Una de sus mejores canciones: “El mundo es basura, pero a mí me gusta estar vivo”.