Si eres uno de los estudiantes de segundo año de BUP, creo que recuerdas lo que Plinio el Joven le escribió al historiador Tácito. En uno de los pasajes contó cómo su tío, el almirante Plinio el Viejo, ordenó … Cuando el Monte Vesubio entró en erupción, sus barcos regresaron a tierra. Todos salieron corriendo, pisoteando a los vecinos para salvarse, saqueando casas o simplemente quedando paralizados por el terror. Se volvió hacia tierra y ordenó el rescate de todos los que se habían reunido en la orilla tratando de escapar de las llamas. Dos formas muy diferentes de respuesta humana cuando algo sale mal. En nuestra tierra Andalucía, en el año 2026, esta cifra se ha duplicado. Muy curvilínea.
Ahora son los incendios de Almería, pero antes fueron las inundaciones de Grazalema o el accidente de Adamus. Los andaluces hemos sufrido tres golpes muy duros, que nos han demostrado de qué estamos hechos. El accidente de tren en sí no fue provocado por la naturaleza, pero además demostró una vez más el carácter andaluz de entrega a sus víctimas. Primero tristeza, luego orgullo. Estas son las palabras que nos vienen a la mente cuando recordamos aquellas tristes imágenes de enero. Por supuesto, estos eventos también son excelentes herramientas para medir las cualidades humanas de nuestros representantes públicos. Andalucía ha dado y está dando un excelente ejemplo de cómo responder a estas crisis. Si eres de los que pisotean a sus vecinos, saquean sus casas, o de los que van directamente al lugar del conflicto a ayudar en lo que pueda. En el último caso de Almería, los dirigentes tanto del Partido Popular como del Partido Socialista de los Trabajadores dieron un buen ejemplo de coordinación y respeto institucional. Al menos la mayoría. Margarita Robles, Félix Bolaños e incluso Pedro Sánchez entendieron finalmente que en estas circunstancias extremas no se puede hacer política. Con buen criterio prefirieron situarse junto a Juanma Moreno y Antonio Sanz que delante de ellos. Como siempre, el Ministro de Desarrollo es una excepción y no se puede esperar nada de él.
Lamentablemente, lo que la política no puede unir, sólo puede lograrse mediante desastres naturales. Pero nada menos está bien. Aunque nos parezca que todo gira en torno al aquí y ahora, la historia es simplemente la repetición de los acontecimientos. Tanto Plinio como Aristóteles decían que un hombre verdaderamente valiente es aquel que puede actuar con razón y responsabilidad en circunstancias extremas. La historia ha demostrado una vez más que los andaluces son un pueblo valiente. Cuando la desgracia nos golpea con tanta fuerza como a Adamus, Grazalema o Bédar, sacamos lo mejor de nosotros mismos. Insisto en que orgullo es la palabra.