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9 de diciembre de 2025 23:15

Pocas veces ha habido un aplauso tan puro y tan revelador de un agradecimiento tan sincero como el recibido anteayer en el Arco de Triunfo, por quienes regresaron a Sevilla durante el tiempo de Adviento, con los ojos de la esperanza. en tus manos, como Hoy, como él mismo admite en estas páginas, le ha tocado -para darle, querido lector, el adjetivo más cercano a la dificultad del desafío- suturar las heridas provocadas una mañana de junio por una intervención fallida de la que mucho se ha hablado, a pesar de que carece de un capítulo final. No se trata de una restauración del uso, sino de una restauración de la consagración.

Horas antes de salir de la ciudad para encontrarse con su madre, apenas podía dormir. Esto no es sorprendente. Sería un falso cierre de las cicatrices de Agüero si desatara un nuevo debate sobre si el nuevo rostro es la Virgen de siempre. No. La respuesta es unánime. Alivio, generalizado. La Macarena está de vuelta, de la mano de Pedro Manzano. Quienes lo conocieron lo describieron como un profesional sensato y sensato; un hombre muy formal y puntual; un hombre leal y educado. Poseedor de un cerebro y una memoria envidiables, además de una paciencia infinita, nunca pierde los estribos delante de los demás, pero es muy exigente.

Después de estos largos meses de anticipación, mostró la encrucijada que enfrentaba la fraternidad y, debido al nivel de dedicación, fue imposible que la ciudad no se enamorara de una solución mejor. Sabe ocupar su lugar en su ausencia y convertirse en la verdadera protagonista, marcando siempre sus palabras con el resultado de su trabajo. No buscó otras luces que las que iluminaban la talla para encontrar la silueta más cercana a la autenticidad de la Virgen María. Considerando la enormidad del viaje que debe emprender, ha escapado de su contraparte en la búsqueda nada más que de recuperar a Nuestra Señora de la Esperanza para aquellos que nacieron bajo su protección. Pero el gaditano de San Fernando había caído en ciudad sabia, y pocos minutos después de abrir las puertas de la catedral y anunciar que estaba de nuevo en presencia de “su madre”, cedió a las pruebas de un buen trabajo y empezó a escribir su nombre en la lista de hijos destacados.

La cofradía de Sevilla ya conocía su don reparador, y ahora también dan testimonio de las cualidades de su doble identidad de médico que cura heridas, cuya madera y alma están cosidas en una devoción que trasciende muros. No temas agradecerle su trabajo, bien vale una medalla de la ciudad. Más aplausos para este humilde maestro y respeto por sus habilidades.


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