67a66d21-6fa1-4a49-965e-aa353d75a54d_facebook-watermarked-aspect-ratio_default_0.jpg

Muchos de nosotros tartamudeamos en ocasiones al hablar, y ciertamente nos resulta difícil pronunciar palabras en algún momento. Un pequeño inconveniente que pronto pasará. Pero esto no tiene nada que ver con la tartamudez, que es un trastorno que, si bien suele asociarse únicamente a los niños ya que suele aparecer entre los tres y los cinco años y medio, algunos adultos también pueden padecerlo. Alrededor del 1% de la población en España tartamudea, lo que daña su confianza y, en muchos casos, sus habilidades comunicativas y dificulta situaciones sociales y profesionales.

Nos enfrentamos a “trastornos del neurodesarrollo y de la fluidez del habla que alteran el flujo natural del habla”, explica Sara Berger, logopeda especializada en el tratamiento de la tartamudez. Berger explica que estas interrupciones suelen manifestarse a través de “repeticiones de sonidos, sílabas o palabras, prolongaciones de sonidos o bloqueos que detienen temporalmente el flujo de aire y de palabras”.

Tartamudez en adultos: diferencias sutiles en el cerebro

Si bien la tartamudez no afecta a todos por igual, “aunque se presenta de forma diferente en cada uno, hay características comunes”, matiza el experto. Algunos tienen más bloques, mientras que otros tienen repeticiones o extensiones con más frecuencia. Y, aunque la tartamudez no es curable, fluctúa con el tiempo, lo que significa que “la misma persona puede experimentar períodos de mayor o menor tartamudez. Y una de las características más importantes de la tartamudez es su variabilidad”, afirmó Berger.

¿Qué sucede cuando una persona tartamudea? Berger explica que esta dificultad significa “una pérdida temporal de control: la gente sabe lo que quiere decir, pero no puede decirlo como pretendía”.

Si preguntamos por la causa de la tartamudez, un logopeda nos dirá “un defecto en la planificación o ejecución de la conducta motora del habla, cuya causa es multifactorial pero tiene una fuerte correlación genética”. Las investigaciones muestran que las personas que tartamudean tienen diferencias sutiles en su base neurológica, ya que se han identificado varios genes relacionados con la tartamudez que influyen en el desarrollo y la función del cerebro.

Por lo tanto, se denomina trastorno del desarrollo neurológico que afecta la forma en que el cerebro coordina muchos procesos diferentes simultáneamente para una comunicación efectiva. Es este componente genético el que afecta el desarrollo y la función de las áreas del cerebro involucradas en el habla. “La tartamudez puede manifestarse de diferentes maneras según el tipo de mutación genética: estamos hablando de subtipos, lo que también explica las enormes diferencias entre las personas”, aclara Berger.

Esto echa por tierra la idea de que existen razones psicológicas detrás de la tartamudez, impulsadas por el estrés, la ansiedad o situaciones traumáticas. “La ansiedad, el estrés o la baja autoestima no provocan tartamudez, pero pueden tener consecuencias”.

Resulta que este trastorno del habla es un problema social y de comunicación que puede afectar el bienestar emocional de un adulto y todos los aspectos de su vida. Por tanto, en la mayoría de los casos, las actividades cotidianas como realizar una simple llamada telefónica o hablar delante de otras personas se ven afectadas.

“Con el tiempo, estas experiencias negativas pueden conducir a dificultades de anticipación y al desarrollo de conductas de evitación o confrontación, como forzar las palabras, aumentar la voz o el movimiento, evitar ciertas palabras o situaciones, desviar la mirada, tensar el cuerpo e incluso evitar hablar en momentos importantes”, explica Berger. Concluyó: “Estas experiencias pueden producir miedo, vergüenza, frustración, ira o culpa”.

Cómo tratar la tartamudez

La tartamudez no es un problema psicológico, sino un problema más complejo que cada persona experimenta de manera diferente. Entonces, si bien es tratable, no es “una cura en el sentido tradicional, pero puede mejorar significativamente con la intervención de un terapeuta del habla profesional”, afirmó Berger.

Como cualquier otro trastorno del habla, requiere terapia y ejercicios para tratarlo o controlarlo. Y, si bien no existe una fórmula mágica para prevenir esto, existen algunas herramientas efectivas, como trabajar con un terapeuta del habla. En este sentido, Berger señala que la terapia puede ayudar:

  • Reducir la frecuencia e intensidad de la tartamudez mediante estrategias de control y modificación del habla.
  • Obtenga una mejor comprensión de su tartamudez y elimine su miedo a tartamudear.
  • Mejorar la comunicación en situaciones como entrevistas de trabajo, hablar en público, reuniones o hablar con gente nueva.
  • Desarrollar habilidades comunicativas que promuevan una forma de hablar más cómoda, libre y eficaz.

“El objetivo principal es permitir que las personas se comuniquen de forma más libre, tranquila y eficaz, y reducir el impacto emocional y social de la tartamudez”, concluyó Berger.

¿Cómo podemos convertirnos en buenos oyentes?

Si nos encontramos hablando con alguien que tartamudea, debemos tratar la situación como lo haríamos con cualquier otra persona. La mejor ayuda que podemos brindar es escuchar.

Berger ofrece algunos consejos para ayudar a las personas que tartamudean:

  • Mantenga el contacto visual y no aparte la mirada.
  • Sea paciente y escuche.
  • Evite interrumpir o completar oraciones, ya que esto puede generar frustración o inseguridad.
  • Evite el uso de frases como “respira”, “cálmate” o “cálmate”, ya que la tartamudez no es causada por problemas neurológicos o respiratorios.

“Esta persona sabe exactamente lo que quiere decir. Sólo necesita un poco más de tiempo para expresarlo”, aclaró Berger.

Referencia

About The Author