El Gobierno acaba de dar el primer paso al elaborar un inventario de proyectos construidos con trabajos forzados durante el franquismo, detallando quiénes fueron las víctimas y qué empresas o entidades se beneficiaron. Estos son los objetivos de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) después de que el último Consejo de Ministros del año aprobara este martes una subvención de 600.000 euros. El objetivo es dar cumplimiento a una disposición aún pendiente de la Ley de Memoria Democrática, que prevé la creación de la lista.
El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática cree que el objetivo del estudio es crear una base de datos “rigurosa” que, en su caso, pueda contribuir en última instancia al “reconocimiento y reparación moral de las víctimas” y “dar apoyo a futuras políticas públicas”. La ley prevé promover “medidas” para reconocer y compensar a las víctimas, pero también a las empresas “encontradas” explotando dichos trabajos con fines lucrativos, sin dar más detalles.
El inventario, que será realizado por la Universidad de Navarra en un periodo de hasta tres años, deberá “contextualizar y documentar históricamente” cómo funcionó este mecanismo utilizado por la dictadura para reprimir al “enemigo rojo”. En la práctica, el régimen de Franco implementó dos grandes sistemas: Primero, el sistema laboral para los presos. El otro fue llevado a cabo por prisioneros de campos de concentración, la mayoría de los cuales eran prisioneros de guerra republicanos capturados directamente en el frente cuando los rebeldes ocuparon territorio.
Los tipos de trabajo son variados y muy relacionados con las necesidades de la época. Algunas se llevan a cabo en el campo o en fábricas o talleres supervisados, otras se llevan a cabo en grandes espacios abiertos. Trabajaron en fábricas, construyeron ciudades, construyeron vías de ferrocarril, presas, puentes, pantanos o carreteras, y trabajaron en la agricultura, la minería o la silvicultura. El propio Valle de Curgamulos se construyó para conmemorar al dictador y su victoria en la guerra civil y se construyó mediante trabajos forzados.
Como han documentado varios historiadores, de todo esto se benefició la administración pública, pero también las empresas que afirmaban que los trabajadores trabajaban en condiciones extremas y de explotación. Sin embargo, actualmente y hasta que se publique la lista, no existe un censo oficial de qué empresas son y cuántas víctimas hay. El investigador de la UPNA Juan Carlos García Funes registró que en enero de 1940, 92.000 prisioneros de guerra ingresaron en campos de trabajadores y 18.700 condenados a la prisión franquista cumplían sus condenas en unidades penitenciarias.
El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática explicó que la concesión directa del premio universitario se justificaba “por razones de profesionalidad, idoneidad técnica, eficiencia y garantía de resultados” y explicó que además de realizar un censo de obras, víctimas y empresas, la organización debía elaborar una “monografía científica” que detallara la organización y funcionamiento de estos sistemas punitivos. El estudio también debe incluir un análisis de las características de la víctima, sus condiciones, su antigüedad laboral y los motivos de su condena.