Esta no es sólo una pregunta retórica, ni tampoco una búsqueda de una respuesta basada en los resultados de encuestas recientes que perfilan un desastre que es peor de lo que parece. Ésta es sólo una sospecha razonable y literal. preocupante … Casi personal. ¿Dónde está el Partido Socialista Obrero Andaluz? Al parecer, nadie está esperando el regreso de la vieja máquina gigante de poder que ha gobernado con mano de hierro la comunidad más poblada de España durante tres décadas y media. Esos eran los tiempos prehistóricos. Pero lo que cabe esperar es que los socialistas andaluces perdieran un mínimo de presencia, influencia y embalaje institucional por dos factores fundamentales y colocaran a la organización en la posición más desfavorable, con su relevancia e incluso gravedad reducida al mínimo.
Al parecer el factor externo es Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y amo de Ferraz, que se tragó la autonomía de los partidos del Sur (en todas partes para beneficio personal) y los arrastró al fango por interminables escándalos de corrupción en la administración central. El factor endógeno es la propia María Jesús Montero, quien ha demostrado ser una mala candidata a presidenta de la junta y ha añadido un revés tras otro a su ya vasta experiencia de gestión en un distrito que ahora aspira a liderar. Su postura típicamente histérica empeoró, tal vez por su fracaso como oponente, y terminó siendo la única persona en todo el Congreso que cometió un error cuando llegó el momento de presionar el pequeño botón verde para aprobar la ayuda a las víctimas del accidente de tren de Adamus. Fue un deslizamiento ridículo y sintomático para un hombre que ya vivía su vida con el rostro deformado, lo que llevó a miembros de su comunidad a cometer el error de no asistir a la gala del piso 28 de la Maestranza, con el triste motivo de que se trataba de un acto de “autoengrandecimiento por parte del presidente autonómico”. En “Moguer” establece un inquietante paralelismo con los que ella considera “auténticos andaluces”, a quienes parece no asistir a la velada antes mencionada. El alcalde Adamuzi es del mismo partido. Surrealista. El ministro de Hacienda optó por acudir a Huelva (Sánchez no quiso asistir a los funerales de las víctimas del tren) para un acto llamado “andaluz”, pero con una banderita con un puño y una rosa. Otra ausencia, otro plantón que haría sonrojar a cualquiera con un ápice de decencia o de servicio público.
Argumentos tan radicales y, peor aún, la desobediencia a la conducta de los ciudadanos y al decoro institucional han hecho que el Partido Socialista no sólo sea cada vez más irrelevante, sino también insultante y tan alienado de la sensibilidad pública que a una gran parte de su tradicional y menguante electorado o de su potencial les resulta cada vez más difícil identificarse con el acrónimo. Y las cosas siempre terminan de la misma manera.