A veces las elecciones cambian el panorama político del país. En este caso, la estrecha ventaja de Abelardo de la Espriera en la votación proyectada confirma lo que todos sabemos: un país dividido, una izquierda unida, una derecha que se mueve hacia los extremos y donde los partidos tradicionales viven cómodamente sin convertirse en protagonistas. El presidente electo contará con el apoyo de la gente común, aunque no quiera mostrarlos en fotografías, y algunos de nosotros esperamos que no cumpla algunas de sus promesas. Por otro lado, como recuerda el candidato Iván Cepeda, la izquierda se ha convertido ahora en una fuerza decisiva que influye en el Congreso y la oposición. Veremos si la unidad sobrevive a la derrota.
El presidente Gustavo Petro dijo que solo reconocería los resultados de la revisión, mientras que Iván Cepeda reconoció los datos de votación proyectados, pero recordó que no era vinculante y que impugnarían las 33.000 mesas. El resultado es difícil de cambiar, pero el único dato oficial es efectivamente el recuento de votos, ya que algunos votos se salvaron en esa etapa, aunque la tradición política exige que los resultados se reconozcan y se presuman la victoria y la derrota el día de las elecciones. La organización electoral entregó los datos a tiempo y creo que no pasará mucho tiempo para obtener los resultados finales de la revisión. El discurso de Iván Cepeda fue tranquilizador y lleno de determinación, ya que aspira a ser el líder de la oposición. No podemos olvidar que permanecerá en el Senado porque la ley establece que quien llegue a segunda vuelta pero no gane tendrá un escaño reservado. Allí verás los debates que nos negaron en campaña. Se han hecho llamamientos a la movilización social. Las tensiones políticas continuarán y es de esperar que se resuelvan a través de canales democráticos.
La cuidadosamente elaborada campaña de marketing de Abelardo de la Espriella, que se centró en sectores olvidados y maltratados por el gobierno de Petro, especialmente la clase media, dio frutos. Apeló a las fortalezas religiosas, familiares y futbolísticas del país, comprendió que la seguridad era una cuestión auténticamente popular y prevaleció. Más allá de eso, la campaña de Cepeda tiene serios problemas, sacudida sólo por un golpe en la primera vuelta, pero no lo suficiente como para compensar meses de errores. Espero que en algún momento De la Espriella pueda exhibir algunas cualidades de estadista que no vimos en la campaña. Que entienda que gobernará para todos, algo que Gustavo Petro no logró entender durante sus cuatro años de gobierno. No se trata de consenso, no se trata de buscar acuerdos, se trata de respetar a los opositores y a otros y buscar proyectos nacionales importantes a los que sumarse. Por eso espero que el presidente electo no cumpla su palabra.
No seguirá eliminando ideas de nadie, no excluirá a Colombia de los organismos multilaterales y no graduará a los periodistas que lo critican como activista y contendiente judicial. Se enfrenta a un déficit fiscal pero no recorta las inversiones sociales ni protege los puestos de trabajo de miles de funcionarios públicos, no pone fin a los planes económicos conjuntos, utiliza el poder legítimo del Estado dentro del marco de la ley, respeta los derechos humanos, pero también a las mujeres y sus derechos adquiridos, respeta nuestra constitución secular y protege la libertad religiosa. No cambie la constitución porque algunas de sus propuestas implican cambios constitucionales.
Aunque las encuestas lo muestran en ascenso, sigue siendo impactante ver a una figura de derecha radical sin experiencia en el servicio público que ha sido asumida por narcotraficantes y paramilitares ascender a la presidencia. Esto es democracia, con sus pros y sus contras y, en consecuencia, respetar la decisión de la mayoría de los ciudadanos en las urnas, lidiar con las emociones y seguir adelante.
Colombia ha vivido muchos momentos críticos en los que la democracia ha perdurado. Por eso debemos guardar cuidadosamente la Constitución de 1991, porque debe corregirlo todo, y eso es lo que nos impulsa hacia adelante. También necesitamos esperar, escuchar, observar y analizar lo que sucede con la nueva administración para intentar entender hacia dónde se dirige el país sin entusiasmo de campaña. Los periodistas debemos recordar siempre que el periodismo es una actividad contra todo poder, sin importar el gobierno. La siguiente fase del trabajo no será fácil, pero el desafío surge cuando más se necesita la exposición en los medios.