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La presión social en Bolivia por el Decreto 5503, que declaró el estado de emergencia económica en el país y eliminó los subsidios a los hidrocarburos, no disminuyó durante las vacaciones de fin de año. Mientras las protestas contra las regulaciones promulgadas el 17 de diciembre entraban en su octavo día, una marcha en La Paz encabezada por la Unión Central de Bolivia (COB), la confederación sindical más grande del país, se enfrentó con la policía el martes cuando intentaban cruzar un cordón de seguridad hacia la Plaza Murillo, donde se encuentra el Palacio de Gobierno. Los agentes dispararon gases lacrimógenos y balas de goma y los manifestantes respondieron con petardos y pequeñas cantidades de explosivos.

Ese mismo martes, profesores de educación pública de la ciudad iniciaron una huelga de hambre, uniéndose a otras encabezadas por esposas de mineros. La medida más destacada del decreto es la suspensión de los subsidios a la gasolina y al diésel, cuyos precios han aumentado alrededor de un 90% y un 160% respectivamente. Se vislumbra inminente un aumento en los costos de la canasta básica. Sin embargo, los dirigentes de la COB insisten en que se han ignorado otros aspectos del código, que contiene más de 120 artículos. Una de las principales críticas también incluye disposiciones que facilitan la inversión de capital extranjero en recursos estratégicos sin aprobación parlamentaria durante el período de excepción.

Los dirigentes de la COB estaban convencidos de que el decreto significaba una pérdida de soberanía nacional debido a sus estrechos vínculos con el anterior gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS). El miércoles acordaron participar en un diálogo con el gobierno el lunes 5 de enero, pero insistieron en que el decreto debe ser derogado.

“A partir de ahora las medidas que tomen el Estado y las empresas se convertirán en ley y básicamente tendremos un jarrón frente a la Asamblea Legislativa”, dijo el máximo dirigente del centro, Mario Argollo. El Sindicato de Educadores Urbanos y Rurales, el otro frente principal de las protestas, atacó la congelación de los salarios y la prohibición de nuevas contrataciones en el sector público.

José Luis Álvarez, uno de los dirigentes sindicales que participan en la huelga de hambre, insistió en que el decreto culpa a la clase trabajadora por la crisis económica que vive Bolivia. “Lo más fácil para cualquier gobierno es apretarse el cinturón en una crisis provocada por él mismo, no por nosotros”, afirmó. El país andino se enfrenta a una inflación interanual superior al 20% debido a la escasez de dólares después de que las exportaciones de gas natural, su principal fuente de divisas en las últimas dos décadas, cayeran hasta un 40% desde 2014.

El presidente Rodrigo Paz dejó claro que no derogaría las normas, pero llamó reiteradamente al diálogo con los sectores movilizados. La tarde de este martes, el secretario de la Presidencia, José Luis Lupo, anunció la conformación de la Mesa de Diálogo Tecnológico. “La idea es abordar el alcance del decreto, particularmente aquellos puntos planteados por los grupos movilizadores (…) Entendemos su posición, pero la cuestión es mucho más profunda”, dijo en una conferencia de prensa. Sin embargo, los intentos previos de diálogo entre los consejos bolivianos y el Ejecutivo han fracasado y la situación se ha tensado con el anuncio de que otros sectores se sumarán a las manifestaciones, como la Confederación Sindical Única de Trabajadores Migrantes de Bolivia y los Consejos Nacionales de Alles y Macas en Curasuyu.

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