El abogado consultado no recordaba el precedente. Además de un giro de guion de última hora, el expresidente de Palacio de Gobierno Jordi Pujol comparecerá personalmente ante la Audiencia Nacional este lunes tras viajar a Madrid desde Barcelona. Tiene 95 años y los médicos que lo han atendido hasta ahora coinciden en que no es apto para ser juzgado.
El juzgado que investiga el origen del patrimonio familiar escondido en Andorra quiere que Pujol sea nuevamente examinado por otro médico forense y escuche su declaración si se considera competente para afrontar la situación. El juez aclaró que el médico permaneció en la sala “durante la presentación”.
Tras conocer la citación, la familia enmarcó la fotografía con la esperanza de obtener una fotografía del expresidente “paseíllo” entrando en el almacén de la sede de la Corte Nacional de Justicia en San Fernando de Henares (Madrid), aunque Pujol podría haber entrado al edificio por el aparcamiento y evitado al fotógrafo debido a su limitada movilidad.
Varios funcionarios neofusionistas peregrinaron esta semana a la casa de Pujol para tomarse fotos con él y apoyarlo. También quisieron acompañarlo hasta la puerta del juzgado el lunes, pero cancelaron ese plan por petición explícita de sus hijos. En una insólita declaración, el actual presidente Salvador Illa criticó la citación y pidió a los jueces seguir el “sentido común”.
Durante la sesión de este viernes, el presidente del Tribunal, José Ricardo de Prada, quiso dejar claro a ambas partes que no pretendía “calumniar” al expresidente, sino examinar personalmente si su avanzada edad le impedía defenderse adecuadamente para evitar la posibilidad de “caer en un sesgo de discriminación por edad”.
Es común entre los adultos mayores bajo investigación o acusados por la defensa plantear cuestiones médicas en un intento de excluirlos del caso. Pero un informe por sí solo no es suficiente: la práctica judicial común implica ordenar a un forense que examine al acusado, y los jueces generalmente siguen los estándares del forense.
Eso es lo que le pasó al ex árbitro José María Henríquez Negrera hace unos meses. Su abogado defensor afirmó que padecía los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer, pero los expertos forenses dictaminaron que era competente para ser juzgado, por lo que un juez le ordenó prestar declaración.
En el mismo caso Pujol hubo otro ejemplo: la esposa de la expresidenta Marta Ferrussola fue excluida del caso porque el juez de instrucción, el forense del tribunal estatal y el médico de la ya fallecida coincidieron en que padecía Alzheimer y no podía seguir siendo investigada en un proceso penal.
En el caso del expresidente, el tribunal conoce desde noviembre la opinión unánime de los peritos forenses. Antes de que comenzara el juicio, dos peritos forenses del Instituto Catalán de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IMLCFC) entrevistaron a Pujol durante más de media hora y, tras revisar otros informes médicos del expresidente, concluyeron que no era apto para ser juzgado debido a su deterioro neurocognitivo.
El forense de Barcelona y otro de la Audiencia Nacional confirmaron su valoración el primer día del juicio, cuando volvieron a examinar a Pujol por videoconferencia (el expresidente se encontraba en su casa recuperándose de una neumonía).
Pese a esta opinión unánime, que hay que sumar a la del médico personal de Pujol, la audiencia nacional ordenó continuar con los cargos contra el expresidente y ahora ha accedido a otro reconocimiento médico por parte de otro perito forense del tribunal especial.
“No tiene sentido citar personalmente a un hombre de 95 años con problemas de salud”, afirmó Jordi Nieva, catedrático de Derecho procesal de la Universidad de Barcelona, añadiendo que lo más importante es que, como es de esperar, si acaba testificando, el expresidente hará uso de su derecho a no hacerlo, o en el mejor de los casos responderá a algunas preguntas en su defensa.
Nieva, que estudia la psicología del testimonio, basó la decisión de exigir la comparecencia personal del expresidente en “tendencias antiguas” en los tribunales, que incluyen priorizar la comparecencia de los imputados. “Pero supimos desde el principio que el contacto personal del acusado con el tribunal no aportaba ningún elemento probatorio”, añadió.
Para el primero de 33 juicios, Pujol fue contactado únicamente por videoconferencia. El expresidente ha hecho menos apariciones públicas desde que se embarcó en su renacimiento político hace unos años, aunque tuvo un momento sonado a mitad del juicio en marzo cuando votó en las elecciones del FC Barcelona con la ayuda de un andador junto a Joan Laporta. “Tal vez no ayude a nivel de imagen, pero en lo que hay que centrarse es en el nivel de evidencia”, coincidió la fuente jurídica.
Aunque la jurisprudencia europea se ha centrado más en los derechos de los presos mayores, las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) también han abordado la situación cuando las personas mayores o discapacitadas comparecen ante los tribunales.
Además de poder comunicarse eficazmente con sus abogados, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dicho repetidamente que un acusado debe poder comprender todo lo que se le pide. Para los adultos mayores, este principio se materializa en poder no sólo escuchar bien las preguntas (si tienen problemas de audición), sino también comprenderlas.
Fuentes jurídicas explicaron que cualquier persona mayor puede mantener unos estándares mínimos en su vida diaria, pero debe elevar el listón a la hora de afrontar procesos judiciales. El acusado debe conservar la capacidad de “defenderse”, es decir, debe comprender el asunto sin necesidad de que un abogado se lo explique constantemente.
Ése es el quid de la cuestión sobre el expresidente, que los peritos forenses han abordado en su análisis al inicio del juicio. Los médicos concluyeron que Pujol padecía un deterioro neurocognitivo “grave” que le impedía poseer “las capacidades procesales necesarias para protegerse de forma autosuficiente”. Como resultado, Pujol no pudo asistir a la audiencia oral debido a su “mal estado físico o cognitivo”, agregaron.
Neva también destacó la evaluación forense contenida en el informe: hace aproximadamente medio año, los médicos informaron que la enfermedad de Pujol era irreversible. No es que el acusado estuviera hospitalizado o enfermo el día de la lectura de cargos. “Si ya hubieran dicho en noviembre que el pronóstico no mejoraba…”, concluyó el profesor.