El 28 de abril de 2025, cuando el “apagón” eléctrico sumergía a todo el país en la oscuridad, la policía eligió este día para lanzar una operación en Oviedo para rescatar a tres menores -dos gemelos de ocho años y su hermano de 10- que llevaban cuatro años confinados en su casa sin ningún contacto con el exterior porque sus padres tenían un miedo insuperable a que contrajeran el coronavirus. Ambos padres han sufrido el impacto continuo del coronavirus y la vida en familia se ha llevado a cabo a puerta cerrada.
Un año después, la situación ha cambiado fundamentalmente. Los menores viven bajo la custodia del Gobierno del Principado de Asturias, separados de sus padres, que fueron detenidos y permanecen en prisión a la espera de una sentencia de la Audiencia Provincial de Asturias que determinará su futuro.
“Sólo quieren lo mejor para sus hijos”.
El 19 de marzo es otro día importante. Mientras otras familias celebraban la festividad del Día del Padre, S., un cristiano alemán de 53 años, y su esposa norteamericana alemana, Melissa AS, de 48, intentaron durante sus alegatos finales dejar claro al tribunal que lo juzgaba en Oviedo que su intención nunca fue hacer daño a sus hijos porque “sólo querían lo mejor para ellos”.
La sentencia se pronunció en un turno de palabra final, y el clímax del juicio se desarrolló a lo largo de varios encuentros en los que pudieron escuchar versiones de policías, peritos forenses, educadores, psicólogos, psiquiatras, que pintaron una realidad muy distinta a sus opiniones personales.
Reclusión en la propia casa
Su casa fue descrita como una “Casa de los Horrores”, el mismo nombre que le dieron los agentes policiales involucrados en la liberación de los menores y la detención de sus padres, y fue reportado en los medios.
Esta es una imagen muy diferente a la pintada por Javier Guillermo Muñoz Pereira, abogado defensor de Melissa AS, y Elena González, abogada representante de Christian S. AS.
Versión de defensa
Para los abogados defensores, los padres no eran monstruos, la casa no era una “cabaña aterradora” llena de escombros y heces, y los niños no fueron “secuestrados”.
Los abogados reconocieron que se trataba de una “serie de decisiones tomadas por una familia normal con un comportamiento anormal, ciertamente equivocado y equivocado, pero no delictivo”, por lo que desde el primer momento optaron por buscar soluciones en el ámbito social antes que en el penal.
tenedor
La Sala 2 de la Audiencia Provincial se reservó una vista oral para dictar sentencia pero aún no se ha pronunciado públicamente, que va desde una pena de prisión de 25 años y cuatro meses solicitada por el fiscal y la abogada de menores de la acusación particular, Patricia Arce, hasta una absolución en la que están interesados los abogados defensores.
acción policial
La operación policial tuvo lugar el 28 de abril de 2025 a las 14.30 horas. No se escuchaba ningún ruido en el interior de la casa, situada en la zona rural de Oviedo/Uvieu, y no había señales de que en su interior se encontrara una familia. Esta era una situación habitual desde hacía cuatro años, ya que los menores casi no hacían ruido y no se tomaban medidas para no despertar las sospechas de los vecinos, ajenos a lo que estaba pasando.
Tres máscaras superpuestas
Una vecina expresó al ayuntamiento sus sospechas de haber visto movimiento en el interior de la casa en algunas ocasiones, lo que motivó que se preparara un discreto operativo de vigilancia y en cuestión de minutos la tranquilidad había cambiado por completo.
Finalmente, se lanzó una intervención el 28 de abril de 2025, coincidiendo con un “apagón” eléctrico que sumió al país en la oscuridad. Cuando los agentes de la policía local llegaron a la puerta fueron recibidos por el padre, que, según fuentes policiales, “tenía aspecto desaliñado y descalzo”. Les pidió que usaran máscaras y accedió a dejarlos entrar. En ese momento, vieron a la madre y a los niños en pañales. Toda la familia llevaba tres máscaras en el rostro.
reacción de menores
Unas horas más tarde, la policía local confirmó que las condiciones sanitarias de la familia de cinco miembros eran deficientes y que los menores no iban a la escuela. Un detalle que les llamó especialmente la atención fue que cuando los menores entraban al jardín, “tocaban el césped y respiraban profundamente”. En ese momento, sentí como si nunca hubieran salido.
Los niños se están adaptando a una nueva realidad en un centro dependiente del gobierno del principado porque la familia más cercana no puede hacerse cargo de ellos, pese a que la defensa de los padres pide futuros intentos de reunificación familiar.
Un año después de esta actuación policial, todavía estamos esperando que se revierta toda la situación, pero el futuro inmediato de la familia dependerá del veredicto del juez de la Audiencia Provincial de Asturias.