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“Ya llegarás, hijo”, le dijo su padre a Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 78) antes de morir. “Si no puedes hacerlo, te presionaré”. El padre empujó y llegó el hijo: “Hoy estoy aquí, papá, exactamente 64 años después”, admitió Celorio al inicio de su discurso. El jueves recibió de manos del Rey Felipe VI el Premio Cervantes: el máximo galardón de las letras en lengua española que concede el Ministerio de Cultura, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.

Celorio, de barba blanca, ojos brillantes y voz algo ronca, dedicó el resto de su discurso, como de costumbre, a Quijote y Don Miguel de Cervantes Saavedra. Llévalo a su terreno: auto literaturatan propio de nuestros tiempos y muchas veces denostado por quienes defienden la novela. Según el ganador, el significado de uno mismo no es sólo dominio de la poesía lírica, sino que puede proliferar en otros géneros, como la novela y las memorias, e incluso en el ensayo o la crónica. Celorio favorecía la “promiscuidad” y en ese sentido era escritor transgénero (Literatura), como Cervantes, que era “extremadamente reacio a colocar los géneros literarios en compartimentos estancos”. Los clásicos de Servantin “no son más que una desobediencia a todos los clásicos”. La novela extrae lecciones de ella y cada exploración o experimento con la modernidad la ha incluido. Don QuixotePor tanto, como señala Celorio, la novela no es sólo un género literario sino un género literario “liberal”.

Celorio habló de libertad, término hoy prestigioso y controvertido, concepto recordado por Mario Vargas Llosa, quien destacó este concepto en la obra de Cervantes. La libertad se entiende como “la soberanía del individuo frente a la autoridad”. Cervantes valoraba la libertad, este tipo de libertad, porque estuvo cinco años preso en Argel, y no sólo en Argel, por lo que en sus discursos la libertad “incluso prevaleció sobre la justicia, de la que su propia experiencia le hacía dudar”, según Celorio.

Celorio dio a conocer su postura durante un debate reciente sobre las relaciones entre España y México desencadenado por una solicitud realizada por el entonces presidente mexicano Andrés Manuel en 2019. López Obrador se disculpa formalmente por los excesos de la conquista española. “Ni México ni ningún otro país latinoamericano habrían podido moldear su identidad nacional sin el idioma español”, añadió, destacando la influencia de las novelas modernistas o del boom latinoamericano de Rubén Darío en la literatura en español.

Para entenderse a sí mismo, Gonzalo Celorio profundizó en los vericuetos de su memoria y volvió a contar la historia de lo que allí vio. Vio en novelas como ésta historias de familia, amor, inmigración, exilio, bonanza y robo. amor propio, Tres hermosas cubanas alguien metales y escoriaambos publicados por Tusquets. La Guerra Civil Española, las revoluciones española, cubana o sandinista, la historia del mundo o de una parte del mundo, estaban todas entrelazadas con la historia de su familia. El montón de espejos rotosEstas memorias son, en mi humilde opinión, una historia sobre su vida como manitas literario (un escritor que también es editor, crítico, erudito y…), pero también una historia sobre la vida en México, un país que acogió sus raíces asturianas cuando su abuelo Emetrio abandonó el pueblo de Vibagno para cruzar el mar en busca de fortuna. Espejo roto: así es la memoria, un material maleable, lleno de chispas, que reconfigura constantemente el tiempo y la fantasía. “Liberado de las exigencias de la autenticidad histórica, dejé espacio a la imaginación literaria”, dice el autor.

Es fácil conocer la historia del mundo porque está en los libros, pero no es tan fácil conocer la historia de tu propia familia. Celorio debe, por tanto, profundizar en archivos familiares, fotografías, recortes de prensa e incluso libros de cocina, y leer cartas que no fueron escritas para él, o diarios que sus familiares y antepasados ​​utilizaron como confesionarios. Surgió “adulterio clandestino, asesinato secreto, abuso de pedófilos”. Descubrió que todos sus familiares “sin duda habían desempeñado papeles épicos en sus vidas”. Estas condiciones épicas son un caldo de cultivo ideal para las novelas.

Al crear sus libros, Thelorio nunca dudó en convertirlos en personajes, “a merced de técnicas literarias que serían trascendentes no sólo para mí y para mí por provenir de nuestro propio linaje, sino para cualquier lector que sea capaz de hacer suyos sus thrillers”, afirmó. Por ello, no dudó en modificar fechas, nombres, relaciones o eliminar personajes oscuros de la literatura, aunque fueran importantes en la vida familiar. Un viaje de ida y vuelta entre la literatura y la realidad. En opinión del autor, este invento hizo aún más profunda la historia original.

Este homenajeado cuenta una anécdota muy especial. Por ejemplo, su padre le escribe una carta de amor a su madre todos los días, incluso cuando ambos están en casa. Una historia sobre su madre que, a pesar de su vida ocupada, amaba leer novelas. Cuando uno de sus hermanos, víctima de una “peritonitis feroz”, luchaba entre la vida y la muerte, su madre prometió a su devota, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que si salvaba a su hijo dejaría de leer novelas durante cinco años. El hijo se salvó (se desconoce si por intervención de la Santísima Madre) y la madre cumplió su promesa. “Este es el mayor sacrificio que puedo hacer”, dijo Celorio.

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, se mostró agradecido por las obras literarias de Celorio. Recuerda la formación intelectual de Celorio y la reconocida deuda con los exiliados republicanos de España. Señaló que “no hay duda de que esto es una recompensa a los logros y conquistas de la universidad pública. Necesitamos más que nunca su plena autonomía, su nivel científico y su buena salud. Porque una universidad bien cuidada y respetada es la cara de un país y nuestro bien más preciado”.

El Rey Felipe VI destacó la literatura mexicana: “Las palabras, las inflexiones del lenguaje, las expresiones y las realidades que cada autor evoca encuentran un espacio cada vez mayor, un reconocimiento más profundo y una afinidad en la vasta riqueza de la literatura en lengua española, al tiempo que refuerzan la diversidad y unidad de nuestra lengua”. El Rey aprovechó la ocasión para conmemorar dos aniversarios de la literatura latinoamericana: el 50 aniversario de la muerte de José Lezama Lima y el 40 aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges. Lo dijo porque el Premio Cervantes que recibió Celorio reconoció su lugar en el “vasto y diverso” cuerpo de la literatura española. También recordó los “dos grandes vínculos” que existen entre España y México en el ámbito cultural y editorial. Primero, un lenguaje compartido que “permita cruzar 23 fronteras sin perder inteligibilidad”; en segundo lugar, una larga tradición literaria compartida, que se remonta a Carlos de Sigüenza y Góngora, Juan Ruiz de Alarcón o sor Juana Inés de la Cruz, que entablaron un diálogo con los grandes escritores peninsulares del Siglo de Oro, “un intercambio que es expresión del mestizaje que caracteriza nuestra historia y que aún hoy nos configura”.

El monarca afirmó que la vida y carrera de Celorio estuvieron muy ligadas a España, no sólo por su abuelo asturiano, sino también por su madre cubana nacida en Las Palmas de Gran Canaria, por la ya mencionada influencia de los exiliados españoles sobre sus profesores, por la familia que formó en España y por su frecuente presencia en Madrid. “Nos recuerda que España y México son más que países hermanos: son culturas entrelazadas a través del idioma y la cultura, unidas por una intimidad genuina y un afecto compartido duradero”.

Celorio concluyó su intervención recordando -y recordando siempre- una vida dedicada a la literatura. Como profesor que contagia la pasión por la literatura en la Universidad Autónoma de México, como lector voraz, como bibliófilo incorregible, como académico del Instituto Mexicano de las Lenguas, como editor de la Fundación Económica y Cultural, y más. palabra

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