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Algunos lo son, otros no. El inicio de la construcción de TransMilenio por la Carrera Séptima, una de las principales y más representativas vías de Bogotá, divide a los habitantes del corredor en dos partes principales. El lunes, los presidentes de siete comités de acción comunitaria (JAC) de barrios pobres del noreste de la ciudad enviaron una carta al alcalde Carlos Fernando Garán expresando su apoyo al proyecto, al que calificaron como “un soplo de alivio”. Pero días atrás, asociaciones de vecinos de zonas más sureñas y acomodadas directamente afectadas por las obras iniciadas la semana pasada expresaron la postura contraria: “TransMilenio no es el lugar indicado para el Número Siete”.

La carta publicada esta mañana incluye las JAC para los barrios de Barrancas, Consuelo Norte, San Cristóbal, Santa Cecilia Baja, Codito y Verbenal, que pertenecen a las zonas Tier 1 a 3, que concentran el 56% de los viajes diarios por la Carrera Séptima, según datos de la Universidad de Los Andes, la Universidad Nacional y Cívica, un proyecto en la región que evalúa la habitabilidad urbana. Mario Caro, presidente de la JAC de El Codito, dijo estar “totalmente de acuerdo” con las obras. “Es fantástico para nosotros”, insistió. Explicó que el actual sistema integrado de transporte público no brinda una ruta directa a la Séptima Avenida, lo que obliga a los usuarios a desplazarse primero por la Autopista Norte, que corre paralela al oeste por más de dos kilómetros. “Para llegar a Usaquén hay que ir hasta la calle 100 y desde allí subir”, señaló sobre el largo viaje. Calcula que con el Shinkansen un viaje que ahora dura una hora se reducirá a 15 minutos. El director del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), responsable del proyecto, dijo que el recorrido que actualmente dura 65 minutos se reducirá a 20 minutos.

El comunicado de JAC describe la ruta actual como un “viaje”: los tiempos de espera para los transbordadores son de hasta 30 minutos y los viajes a las estaciones duran 45 minutos, mientras que otras rutas pueden durar más de una hora. En total se necesitan unas tres horas para llegar al centro. “Son unos 135 minutos”, anotaron, diciendo que querían dedicar ese tiempo a la familia o al descanso. Para ellos, el proyecto representa una mejora en la calidad de vida. Insisten en que “el Corredor 7 es en definitiva un alivio” al tiempo que exigen que el proyecto tenga el menor impacto posible.

Sin embargo, el apoyo no es unánime. El líder comunitario de El Codito, Parmenio Cristancho, reconoció que era “un tema muy divisivo”, pero no estuvo de acuerdo. Argumentó que la intervención podría aumentar la congestión al reducir los carriles para vehículos privados y advirtió sobre posibles impactos ambientales. Cree que no debería haber ninguna intervención del transporte público en el corredor.

Asimismo, los residentes y trabajadores en una parte del corredor más al sur entre las calles 119 y 121 que coincide con donde comenzaron las obras la semana pasada están descontentos. Las zonas, que constan de residencias de cinco y seis plantas, grandes edificios de oficinas y complejos urbanos, han expresado “profundas preocupaciones” sobre el proyecto.

Lo criticaron como una intervención “intrusiva” que implica la compra de terrenos, demoliciones, talas de árboles y obras en la red de servicios sin información técnica suficiente. También cuestionaron la ubicación de la estación en lo que consideraban un espacio pequeño y desconfiaron del calendario (previsto hasta 2029), recordando la historia del proyecto a largo plazo. Denunciaron la falta de planes claros de gestión del tráfico durante la construcción y advirtieron sobre posibles impactos negativos en la ciudad, como la creación de “barreras” que fragmenten las comunidades o aumenten la inseguridad. También expresaron dudas sobre los beneficios de liquidez prometidos. Señalaron: “Nos preocupa que TransMilenio no logre este objetivo, sino que cause deterioro, inseguridad y disminución de la calidad de vida, como sucedió en la Franja de Caracas”. Para ello, solicitaron al alcalde detener el proyecto hasta que se complete el estudio, se aclare la situación de la adquisición de terrenos y se garantice la solución técnica.

Carlo pidió a los vecinos “ponerse en nuestro lugar”. También dijo que el proyecto ayudaría a aliviar la congestión en la Séptima Avenida porque “TransMilenio es más rápido que el privado, por lo que no caerán en la tentación de derribarlo”.

El debate sobre la construcción de un sistema de transporte público a lo largo de la Carrera Séptima lleva más de dos décadas. Múltiples alcaldes proponen alternativas que van desde tranvías hasta TransMilenio Luz al metro ligero y al tren urbano. Nadie ha logrado avances y las casi 270.000 personas que viven alrededor del corredor están pagando el precio. Sólo el 29% de los usuarios que transitan por el corredor dijeron estar satisfechos con los servicios actuales.

El alcalde de la ciudad, Carlos Fernando Galán, se refirió esta mañana a las protestas de algunos vecinos. Reiteró el derecho de los ciudadanos a protestar pero reiteró que los trabajos “ya comenzaron”. “Respetamos las protestas pero intentaremos avanzar de la mejor manera posible”, afirmó.

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