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Leer periódicos se ha convertido en un desafío para la salud. Se levanta muy temprano, como los domingos, se sienta a desayunar con dos o tres periódicos en la mano (siempre son periódicos, soy de la vieja escuela) y al minuto siguiente se atraganta con una tostada. Por otro lado, es como cada mañana. Porque, ya fuera domingo o cualquier otro día, la desolación para mí empezaba cuando estaba haciendo gimnasia, duchándome, escuchando la radio, entonces me acercaba a la mesa sabiendo lo que dirían los periódicos. Aun así, con Cheers en mano, los leí metódicamente, en parte por romanticismo y solidaridad con el sindicato, en parte para entender la interpretación que hizo el columnista de los acontecimientos del día anterior. Me interesa… ver más

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