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Las reformas electorales impulsadas por la presidenta mexicana Claudia Scheinbaum han entrado en una fase decisiva. Mientras se acaba el tiempo para cumplir la promesa del presidente de llevar la iniciativa al Congreso, la redacción de la enmienda está atravesando un campo minado. Los aliados de Morena, el Partido de los Trabajadores y el Partido Popular, siguen resistiéndose a los términos delineados por el presidente en su propuesta. La reducción de la financiación pública de los partidos políticos y la eliminación o, cuando corresponda, la reducción de los legisladores plurinominales siguen siendo puntos de ruptura. Según fuentes cercanas al palacio presidencial, este miércoles el presidente se reunirá con los líderes de ambas cámaras de Morena, Ricardo Monreal y Adán Augusto López, y el Consejo Presidencial que encabeza Pablo Gómez para acordar una hoja de ruta de documentos que tentativamente se presentarán el 5 de febrero. Como antesala de la reunión, el Partido Laborista se ha manifestado abiertamente. “Tenemos un poder ejecutivo, un poder legislativo; ganamos el poder judicial a través de elecciones. No hay necesidad de una reforma (electoral)”, dijo el miércoles el coordinador del grupo laborista de la Cámara, Reginaldo Sandoval, lanzando una especie de amenaza: “No deberíamos discutir nada más que la unidad de los mexicanos (frente a los ataques de Estados Unidos). Son una distracción”.

Entre los Verdes, los recortes de recursos y la eliminación de la representación proporcional se han topado con la oposición de sus líderes en la votación anticipada, aunque sus líderes mantienen la esperanza hasta que comprendan los términos y condiciones de las propuestas. PT sigue la misma línea. Los votos del partido satélite de Morena son cruciales para que el Congreso apruebe la enmienda constitucional, pero han sido excluidos del debate interno sobre la redacción de la propuesta, un desaire que no ha sido bien recibido. El Partido Laborista respondió a esta falta de consideración recordando que sin sus votos las reformas no pueden avanzar. “La 4T depende de la decisión del Partido Laborista y del Partido Verde, eso tiene que quedar claro”, afirmó Sandoval.

La controvertida propuesta, destinada a cambiar el modelo electoral de México, ha sido posicionada por sus aliados como una campaña innecesaria, exacerbando las tensiones con la administración de Donald Trump. El Partido Acción Nacional y el Partido Revolucionario Institucional no sólo votaron anticipadamente en contra de la enmienda, cualquiera que fuera, sino que también elevaron el tono al llamarla “Ley Maduro”. Los partidos Laborista y Verde consideran peligrosa esta retórica frente a las políticas intervencionistas de Estados Unidos, que más de una vez han recomendado incursiones en territorio mexicano con el argumento de combatir a los cárteles de la droga. Pintaron un escenario en el que la oposición denunció ante organismos internacionales la aprobación de reformas electorales de una manera que ponía en riesgo la democracia de México, un escenario ideal que, según líderes del PT, sirve a los intereses de Trump.

Desde su perspectiva, PRI y PAN han mantenido una disputa sobre el supuesto fondo de la enmienda presidencial. “Las leyes de Maduro las hace el gobierno. Para 2030, cuando el país esté harto de ellas, no querrán irse. Por eso planean llevar a cabo reformas constitucionales ilegales para mantenerse en el poder”, dijo Rubén Moreira, juez del PRI en la Cámara de Representantes, haciéndose eco del líder del partido Alejandro Moreno. Este mensaje fue reforzado por Ricardo Anaya, coordinador senatorial del PAN y ex candidato presidencial. “El gobierno quiere un control total de las elecciones. Se están preparando para el momento en que ya no tengan apoyo popular y quieran mantenerse en el poder. Esto no es una reforma electoral, sino la ley Maduro que Morena quiere promulgar en México”, insistió.

En el partido Movimiento Cívico (MC), que cerró la tríada opositora, tendieron a favorecer a los moderados. Aunque sus líderes han optado por no comentar hasta conocer el contenido de la propuesta, han expuesto los puntos clave que creen que debe incluir la iniciativa, incluida la mayoría garantizada por el modelo de representación proporcional que Sheinbaum busca desaparecer y afectar a los partidos más pequeños.

Los proyectos que el presidente ha esbozado en los últimos meses están a punto de salir de la imaginación y quedar escritos en el papel. Hay una falta de consenso sobre la iniciativa que el Congreso de México podría comenzar a discutir en febrero. Esperaba resistencia de sus aliados y de más de un morenista y rechazo de la oposición. La perspectiva de un posible debate no parece clara para el partido gobernante, que busca una manera de avanzar en las reformas sin causar demasiados daños colaterales.

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