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Felipe VI anunció el miércoles 12a Conferencia Anual de Navidad su gobierno. Se ha puesto en pie y ha hablado por primera vez, llamando a los políticos a afrontar el “hartazgo” de los ciudadanos y cuidar la “convivencia” y los “proyectos comunes” de España. Asimismo, en un momento en el que el orden mundial y la confianza están en crisis, ha optado por el diálogo y el acuerdo: “L“Mis propias ideas nunca se convertirán en dogmas y las ideas de los demás nunca se convertirán en una amenaza”.

en el año en que se conmemora 50 Aniversario de la Restauración de la Monarquía Al inicio de la transición a la democracia, el Jefe de Estado destacó el “camino recorrido”. Dijo que España ha experimentado cambios sin precedentes en estos cinco años, consolidando las libertades democráticas, el pluralismo político, la descentralización, la apertura al exterior y la prosperidad.

nunca olvides Desafíos que enfrentan los ciudadanosEn él, el Rey se refirió al aumento del coste de la vida, las barreras de acceso a la vivienda o la velocidad del progreso tecnológico, y destacó la grandeza de España como país: “España está llena de iniciativa y talento, y creo que el mundo necesita más que nunca de nuestra sensibilidad, nuestra creatividad y nuestra capacidad de trabajo, nuestro sentido de la justicia y la equidad y nuestro fuerte compromiso con Europa, sus principios y valores”.

Texto completo del Rey Felipe VI

Buenas noches. Hace cuarenta años, en el mismo salón de las columnas del Palacio Real de Madrid, se firmó el Tratado de nuestra adhesión a la Comunidad Europea. También han pasado 50 años desde que comenzó nuestra transición democrática. Estos aniversarios me animan a hablaros esta Nochebuena de convivencia; nuestra convivencia democrática a través de la memoria de los caminos recorridos y la confianza en el presente y el futuro.

La transición es ante todo un ejercicio de responsabilidad colectiva. Nace de una voluntad compartida de construir un futuro libre basado en el diálogo. Quienes dirigieron este proceso lograron finalmente que el conjunto del pueblo español se convirtiera en el verdadero protagonista de su futuro y asumiera plenamente su soberanía. Incluso cuando existen desacuerdos y dudas, saben cómo superarlos y convertir la incertidumbre en un punto de partida sólido, pero no están seguros de si lograrán lo que buscan. Este coraje –el coraje de avanzar en unidad cuando no hay garantías– es una de las lecciones más valiosas que nos enseñan.

El resultado de este impulso fue nuestra Constitución de 1978, un conjunto de objetivos comunes sobre los que ahora nos encontramos y la base de nuestra vida compartida, un marco lo suficientemente amplio como para abarcarnos a todos en toda nuestra diversidad.

Nuestra integración en el proceso de integración europea es otro paso decisivo, apasionante y movilizador. Es también el resultado de un compromiso colectivo: un país que quiere poner fin a un largo período de alienación de una Europa con la que compartimos principios y valores comunes y un plan común para el futuro. Europa no sólo trajo modernización y progreso económico y social: también fortaleció nuestras libertades democráticas.

Esta perspectiva histórica nos ayuda a ver que España ha experimentado cambios sin precedentes durante estos cinco años, consolidando las libertades democráticas, el pluralismo político, la descentralización, la apertura al exterior y la prosperidad.

Nuestra sociedad fue creada por aquellas generaciones que recuerdan la transición y por otras que no, que nacieron y crecieron en democracia y libertad. Generaciones de personas mayores han sido testigos de cambios sin precedentes en la historia de España; generaciones de adultos que han hecho grandes esfuerzos por conciliar el trabajo, la familia y las responsabilidades personales; y generaciones de jóvenes que ahora enfrentan nuevas dificultades con su iniciativa y dedicación.

Todo es necesario para avanzar de manera equitativa y unida. Hablé sobre todos estos temas.

Vivimos en una época muy exigente. Muchos ciudadanos sienten que el creciente costo de la vida limita sus opciones de promoción; que el acceso a la vivienda es una barrera para los proyectos de muchos jóvenes; que el ritmo del avance tecnológico crea incertidumbre laboral; o que los fenómenos climáticos son cada vez más graves y a veces trágicos. Nos enfrentamos a muchos desafíos… Los ciudadanos también creen que las tensiones en el debate público pueden provocar aburrimiento, frustración e insatisfacción. Ninguna de estas realidades puede abordarse mediante la retórica o el voluntarismo.

Durante los últimos 50 años, nuestro país ha demostrado repetidamente que mientras tenga voluntad, perseverancia y visión, sabe cómo enfrentar los desafíos internos y externos. Lo vemos en crisis económicas, emergencias sanitarias, desastres naturales y en el trabajo silencioso y responsable de millones de personas cada día.

España avanza cuando sabemos encontrar objetivos comunes. La raíz de todo proyecto compartido debe ser la convivencia. Lo he mencionado antes, pero es fundamental para nuestra vida democrática. Incluso en circunstancias difíciles, como hace 50 años, nuestros antepasados ​​pudieron construirlo.

Pero la coexistencia no es un legado duradero. No basta con recibirlo: es una estructura frágil. Por eso, debemos hacer del cuidado unos de otros nuestra rutina diaria. Para ello necesitamos confianza.

En este mundo turbulento, donde el multilateralismo y el orden mundial están en crisis y las sociedades democráticas están experimentando, también estamos experimentando una preocupante crisis de confianza. Esta realidad afecta gravemente la psique de los ciudadanos y la credibilidad de las instituciones.

El extremismo, el radicalismo y el populismo surgen de la falta de confianza, la desinformación, la desigualdad, la desilusión con el presente y las dudas sobre cómo afrontar el futuro.

No basta con recordar que hemos estado allí, que hemos aprendido sobre esa historia y sus terribles consecuencias. Todos tenemos la responsabilidad de mantener la fe en la convivencia democrática. Preguntémonos, sin mirar a nadie, sin buscar responsabilidades en los demás: ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para fortalecer esta convivencia? ¿Qué líneas rojas no debemos cruzar?

Hablo de diálogo, porque la solución de nuestros problemas requiere de la participación, la responsabilidad y el compromiso de todos; Me refiero al respeto en el lenguaje, a la escucha de los demás; Hablo de un modelo especial en el ejercicio de todos los poderes públicos; pero también empatía; la necesidad de poner la dignidad humana, especialmente la dignidad de los más vulnerables, en el centro de todo discurso y de todas las políticas.

En esta Nochebuena, recordemos que en una democracia las ideas propias nunca pueden convertirse en dogmas y las ideas de los demás nunca pueden convertirse en una amenaza. Avanzar implica dar pasos, pactar y rendirse, pero en la misma dirección, y no a costa del fracaso del otro; España es, sobre todo, un proyecto común: una manera de reunir y hacer realidad los intereses y aspiraciones individuales en torno a una idea compartida de un bien común.

Cada período histórico tiene sus propios desafíos. No hay un camino fácil. La nuestra no es ni más ni menos que la de nuestros padres o abuelos. Pero tenemos una gran ventaja: nuestra capacidad de viajar juntos por estas zonas.

Hagámoslo con el recuerdo de estos 50 años y hagámoslo con confianza. El miedo sólo crea barreras y ruidos que nos impiden comprender plenamente la realidad.

Somos un gran país. España está llena de iniciativa y talento, y creo que el mundo necesita más que nunca de nuestra sensibilidad, nuestra creatividad y nuestra capacidad de trabajo, nuestro sentido de la justicia y la equidad y nuestro fuerte compromiso con Europa, sus principios y valores.

Si trabajamos juntos podemos lograr nuestros objetivos, sean exitosos o no; Todos los implicados en este gran proyecto de convivencia en España podemos estar orgullosos.

Confiando en que juntos sabremos avanzar en esta dirección, acepte mis mejores deseos para estos días y para el Año Nuevo, así como los de la Reina y de nuestras hijas la Princesa Leonor y la Princesa Sofía.

Feliz Navidad a todos. Egoubery, Bonadal, Boas Festas.

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