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Hace un año, en enero de 2025, cuando el Partido Popular de Feijó convenció a María Guardiola de no esperar las elecciones que eventualmente se celebrarían el domingo porque quería deshacerse de Vox al no aceptar su presupuesto, la nueva baronesa roja, verde, azul o violeta del Partido Popular ya había admitido en privado que estaba cansada de partidos extremos y “outsiders”. El PP de Feijóo no quiere molestar a Vox en estos momentos, ya que la fuerza actual de Vox no es suficiente. Pero Guardiola se cansó de Vox y empezó a desviarse de las consignas de los 13 de Génova, de los que ya se había distanciado tras las elecciones de 2023, precisamente porque no asumió en modo alguno las posiciones más regresivas de la formación extrema que luego se tragó.

Ahora, en previsión de estas elecciones, ha llegado a un acuerdo con el equipo de Fejo, con campañas separadas y errores incompartibles que dejan un atisbo de distancia. Ambos bandos se dieron cuenta, pero las enormes expectativas puestas por Guardiola y expresadas por Feijó quedaron algo frustradas.

Los sombríos resultados de Guardiola en las elecciones en la progresista Extremadura no igualaron el mejor resultado de 32 escaños del ahora marginado ex presidente popular José Antonio Monago, ni le dieron el poder que ella considera oportuno para continuar como otra línea flexible en el Partido Popular autónomo, ni la distanciaron claramente del cada vez más amenazado Vox, al menos como un regalo agridulce para Feijo para hacerle saber a Sánchez el costo de sus errores como cazatalentos.

Guardiola, de 48 años, que logró esta breve victoria en el apogeo de su poder político, emuló muchas de las estrategias que el exasesor de Pedro Sánchez Iván Redondo recomendó durante la campaña de 2011 al bombero Monago, quien alardeaba de haber seni Centrado, tradicional, sin siglas ni logotipos. Guardiola alguna vez fue diputado y ocupó puestos regionales clave con Monago, pero ahora están distanciados, en parte porque el ex presidente eligió a un candidato diferente de su preferencia y no le importa corregir a quienes enfatizan que el candidato actual es el primer líder regional del PPP en tierras desfavorables. Fue más temprano y mejor.

María Guardiola se la dejó a Feijóo el equipo organizador del PP de Pablo Casado y ella lo heredó sin problemas, aunque no era de los suyos. Por lo que haya podido pasar, el secretario general del Partido Popular, Miguel Tellado, tiene mejor relación con su número dos, Abel Bautista, que con Guardiola.

Al PP de Feijiao no le molestó el deseo de Guardiola de ser protagonista sin un desembarco nacional, ni tampoco le preocuparon otros nobles, ni siquiera que hubiera muchos Feijiao o Gaviotas Azules en el mitin. Esto es lo que hizo Feijó en Galicia. Ese no es el problema, aunque algunas personas no lo entiendan. Un día, Feijiao asistió a un banquete con 350 hombres armados en Las Hudes, y Guardiola explicó que su ausencia estaba justificada porque estaba celebrando una comida de cumpleaños con su familia. Algunos funcionarios se sorprendieron, pero no Feijiao. La candidata desapareció durante varios días durante la campaña sin ninguna actividad ni explicación, pero en el Partido Popular justificaron los vacíos por motivos médicos, una enfermedad autoinmune que en ocasiones recomendaba su reposo.

Menos digeridos por el líder nacional fueron algunas pifias y ausencias en los tramos finales, como la no participación en el debate en TVE solicitado por otras latitudes, o la “polémica” declaración realizada en vísperas de la clausura sobre el presunto robo de 124 votos por parte de una banda de delincuencia común en una oficina de correos local, que asestó un duro golpe a las elecciones. Algunos miembros del Partido Popular extremeño notan una alienación mutua. El equipo de Guardiola tampoco acaba de entender que el propio Feijiao advirtiera a mitad de temporada que la mayoría absoluta de goles son inalcanzables y que lo que hay que perseguir son 10 puntos más que toda la banda izquierda. Los objetivos absolutos que estas elecciones estaban obligadas a alcanzar no se han conseguido, y Vox ve ahora a Feijóo más maduro.

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