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Para macarreños y sevillanos, la Virgen de la Esperanza de Juan Manuel es sólo una fotografía en tonos sepia o la tapa de un tarro de membrillos. Esa joven Macarina, sin expresión superflua en su rostro, mostró todas las expresiones Lo distrae, que es la mejor versión del dolor, y ha dejado su huella en el vestuario a lo largo de los años. Después de muchos años añorando a esta Virgen, el jueves, día de su santo, la encontramos en San Gil, tal como la verían Lorca o Joselito: sublime, íntima, envuelta en una atmósfera dorada que le aporta mucha luz y reflejo en el altar del Rosario de Carrión. Virgo te atrapa. Él no te dejará ir.

Llevaba un vestido de Arco, una capa de camarón, un tocado en forma de rombo, una mariquela baja, un puñal que le hizo Miguel Carrasco con sus mejores joyas –un clip de Banús y un Cartier– y una pluma de Muñoz Pavín atada a su cintura. Mercado de la Encarnación ¡Cuántas huertas y cuarteles militares no tendrían esta imagen de la Virgen María!

Todo es posible, gracias a una nueva junta directiva en Fernández Cabezuelo, un cuerpo técnico de los Padres sin complejos y la voluntad de un nuevo vestidor, José Carlos Gutiérrez, quien, por sí solo, se ha ganado un lugar en el Olimpo del talento Macarena. El arte de vestir no es un aspecto frívolo, aunque hay quien se lo toma a la ligera. Se trata de completar la tarea del creador de imágenes en lugar de reemplazarlo, como suele suceder. Macarena ha vuelto. Hoy comienza el invierno y la esperanza nos devuelve la primavera en su Pascua. ¡Qué maravilloso!

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