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Siete ex clarisas de la Abadía de Belorado negaron en un comunicado el martes presuntos delitos de coerción, trato degradante, deserción, omisión de ayuda, apropiación indebida o gestión desleal.

Hicieron juicio oral a las cinco monjas ancianas cuyo manejo y cuidado seguían siendo su responsabilidad y argumentaron que los hechos denunciados eran una “total distorsión de la realidad”.

Las monjas han emitido una respuesta pública conjunta, negando categóricamente todas las acusaciones hechas durante el proceso judicial e insistiendo en que son infundadas.

Las ex monjas de Belorado respondieron por separado a cada uno de los delitos que se les imputaban, insistiendo en que el cuidado de las cinco ancianas y la gestión de sus recursos económicos se planificaban de acuerdo con la vida cotidiana de la comunidad.

“Crimen imaginario”

Respecto al presunto delito de coacción, la exClara aseguró que se trató de un “delito imaginario”.

Como prueba, confirmaron que en el informe de la Guardia Civil y en otro informe judicial constaban dos declaraciones directas de monjas ancianas, en las que expresaban su voluntad de permanecer en el convento de Alduña junto con otros miembros de la comunidad.

Según ellos, no existen documentos que reflejen los diferentes deseos de las monjas.

Respecto a las acusaciones de trato degradante, abandono y falta de asistencia, las religiosas insistieron en que los hechos descritos en el caso fueron “inventados” y argumentaron que las distintas acusaciones parecían “confundidas”.

En su versión, las cinco monjas se encontraban en un estado de salud “completamente normal” cuando fueron trasladadas al hospital y, según ellas, se encontraban bien hidratadas y bien alimentadas.

Asimismo, confirmaron que los exámenes médicos realizados en urgencias reflejaron la presencia de los medicamentos que les recetaron, los cuales consideraron acreditarían que estaban recibiendo regularmente el tratamiento prescrito.

Por lo tanto, niegan que existiera una situación de abandono o falta de atención médica mientras estuvieron bajo cuidado.

El comunicado también respondió a las quejas sobre posibles deficiencias en materia de higiene, descanso o condiciones de vida de las monjas mayores.

La ex clarisa calificó las acusaciones de “mentiras vulgares” e insistió en que procedían de personas que, según ellas, no tenían conocimiento del funcionamiento interno del convento y no habían sido testigos de primera mano del cuidado brindado a las mujeres mayores.

Además, las monjas confirmaron que algunos de los comentarios pueden haber sido motivados por un “resentimiento” hacia la comunidad.

Respecto a la supuesta gestión desleal y malversación de fondos públicos, el ex Clare cree que la investigación “desvirtúa completamente la realidad”.

Pensión de monja mayor

También argumentaron que la asignación de las pensiones de las monjas mayores era coherente con el funcionamiento normal de cualquier monasterio, y que todos los ingresos iban a un fondo común para apoyar a la comunidad y cubrir los gastos de sus miembros.

Las religiosas insisten en que es “lo más normal del mundo” que las pensiones de las monjas ancianas ayuden a sostener a las beneficiarias y a la comunidad en su conjunto, ya que conviven juntas en el convento y reciben allí toda la atención necesaria.

Al respecto, cuestionaron que estos beneficios económicos fueran obtenidos por el comisario designado para intervenir en el monasterio, ya que no vivía con las monjas y no participaba directamente en su cuidado.

También confirmaron que desde junio de 2024 había recibido todas las pensiones hasta diciembre del mismo año y que seguía percibiendo el equivalente a dos pensiones de monjas mayores.

La ex clarisa agregó que una de las monjas recibió rehabilitación privada pagada por la comunidad, a pesar de que, según afirmó, la pensión de la monja nunca fue pagada al convento porque la recibió el comisario.

Finalmente, el comunicado refuta las acusaciones de que estos recursos fueron utilizados con fines privados.

Las monjas insisten en que carecen de “empresa privada”, explicando que la única actividad económica que realiza la comunidad es generar ingresos para sustentarlas.

Entre ellas mencionaron tener mascotas y administrar un restaurante, actividades que recordaron haber realizado luego de que desapareció la posibilidad de continuar con la producción de chocolate.

12 años de prisión

Cabe recordar que el Juzgado Quinto de Instrucción de Bilbao acordó el pasado mes de mayo poner fin a la fase de instrucción y continuar con el juicio oral a siete ex monjas del famoso cisma de Belorado (Burgos).

Ahora, tanto la fiscalía como la acusación particular piden una pena de 12 años de prisión para cada acusado.

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