El jefe de gabinete de Argentina, Manuel Adoni, ha pedido inocencia y juego limpio para capear la tormenta judicial y de reputación que lo ha perseguido durante tres meses. Después de casi 100 días de silencio, el funcionario utilizó las herramientas de una ley de “inocencia fiscal” introducida por su propio gobierno para organizar al menos una parte de sus cuentas tributarias. Y porque finalmente decidió actuar, pero lo hizo faltando 24 horas para el inicio del Mundial. ¿Objetivo? Que el fútbol que tanto amamos los argentinos trascienda todo lo demás.
Los primeros pasos de la estrategia se dieron hace unos días sin grandes alardes. La esposa del funcionario, Bettina Angeletti, también ha sido objeto de investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito que afectó su matrimonio. Se presentó ante la agencia tributaria argentina ARCA para pedir su inclusión en el nuevo sistema de renta “simplificado”.
El nuevo sistema, impulsado por el presidente Javier Milley, reduce los requisitos y trámites que debe seguir cualquier argentino a la hora de pagar impuestos. Pero también elimina la obligación de justificar cambios en el patrimonio mediante el concepto histórico de “consumo”, limitando el control a declaraciones de ingresos, gastos y deducciones. Es decir, hay menos explicaciones que los incomoden.
No sólo eso. Unirse al régimen simplificado eliminaría uno de los riesgos que enfrenta: el riesgo de ser condenado por sospecha de evasión fiscal. Sin embargo, como aclaró, ese no es su mayor problema. ¿porque? Porque en estricto derecho penal, la “inocencia financiera” no debe obstaculizar la investigación judicial de presuntos beneficios ilícitos y blanqueo de capitales de los que él es protagonista. La amnistía ejecutiva puede eliminar acciones fiscales pero no la opacidad del origen de los activos.
Tras aclarar este punto, las acciones de Adoni sí generaron críticas. Entre ellos, el líder opositor propuso planes para reformar este sistema tributario “simplificado”, exigiendo que a partir de ahora, los funcionarios y sus familiares que técnicamente sean considerados “personas políticamente expuestas” (PEP) de acuerdo con los estándares internacionales de transparencia queden estrictamente excluidos de tales beneficios fiscales.
Pero más allá de las posibles implicaciones fiscales y legales de las acciones de Adoni y su esposa, también existen costos políticos que enfrentan el jefe de gabinete y Milley y su administración. Es aquí donde el fútbol cobra importancia como válvula histórica de anestesia social.
En la actual nación campeona del mundo, la pelota manda. Porque desde el momento en que el árbitro da el pistoletazo de salida al primer partido y el balón empieza a rodar, nada es más importante en Argentina que el futuro de Messi y de la selección. Adoni lo sabe todo sobre la máxima de la injerencia colectiva.
Por ello, el actual jefe de gabinete liberal deberá rezar a los dioses para que el equipo dirigido por Lionel Scaloni pueda superar las dificultades del escenario y, si Dios quiere, obtener la cuarta estrella. Para celebrar, sí, pero también para permitir que el revuelo general enmascare su deriva institucional.
Si esto no sucede, la opinión pública tendrá menos de qué distraerse y no tolerará el declive con tanta paciencia. Adoni se enfrentará entonces a toda la exposición mediática y a los rigores de las canchas que el fútbol le ha ahorrado.