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El gobernador del estado de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, rechazó el jueves las sugerencias de que renunciaría tras ser acusado por la justicia estadounidense de tener vínculos con el crimen organizado. Cuando los periodistas le preguntaron si se retiraría de la investigación, respondió: “No”. “No nos apresuremos. Todo sucederá en su momento”, dijo en la ciudad de Navarato, a unos 30 kilómetros de Culiacán. Rocha Moya, de 76 años, provocó cargos por parte de los fiscales de Nueva York y la DEA, y se nombró a otros nueve altos funcionarios del estado de Sinaloa, entre ellos un senador y el alcalde de Culiacán. Ambos eran naturales de Morensta, al igual que Rocha Moya. El gobernador dijo que él tampoco defendería a los demás: “Cada uno se preocupa por sí mismo”.

Los cargos estadounidenses son el mayor golpe a la política antidrogas de México porque apuntan a funcionarios que todavía están en el cargo. Los cargos implican a 10 altos funcionarios, incluidos seguridad, fiscales y comandantes de policía, en conspirar con líderes del cártel de Sinaloa para importar drogas a Estados Unidos a cambio de apoyo político y sobornos. El gobernador de Sinaloa aseguró que no tenía “nada que temer” pues se consideraba “una persona completamente limpia”. Asimismo, cuenta con el apoyo de la presidenta Claudia Scheinbaum, quien ha cuestionado el peso de las pruebas enviadas por Estados Unidos para solicitar la extradición.

Asimismo, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) respondió casi de inmediato, argumentando que los documentos presentados “no contienen evidencia que establezca la responsabilidad del funcionario”. El Ministerio de Relaciones Exteriores también informó que había recibido un día antes una solicitud de detención temporal con fines de extradición desde Estados Unidos. La Fiscalía General de la República (FGR) dijo esta tarde que analizará documentos aportados por la Secretaría de Relaciones Exteriores para determinar si efectivamente existen pruebas en contra de los imputados. Los cargos del programa estadounidense conllevan penas que van desde 40 años de prisión hasta cadena perpetua.

La presidenta Claudia Scheinbaum dijo durante una reunión matutina el jueves que “sin pruebas claras, el propósito de estas acusaciones es claramente político”. Rocha Moya insistió en ello poco después de que se difundieran las acusaciones. El gobernador de Sinaloa fue el primer acusado en negar “categórica y absolutamente” las acusaciones estadounidenses. En una declaración que circuló en línea, se escudó en la soberanía del partido y del Estado para protegerse de lo que consideró “ataques”.

Otros acusados ​​también mantuvieron esta posición. Un ejemplo es el senador morenista Enrique Inzunza, quien vinculó la decisión del Departamento de Justicia con la defensa de la soberanía. “La intención de este ataque es muy clara. No solo es contra nosotros, sino contra la Cuarta Transformación… Seamos claros: esto también es un ataque y una trampa contra Morena y nuestra máxima figura política en México: (el ex)presidente Andrés Manuel López Obrador”, señaló en un tuit.

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