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La elección del próximo presidente de Colombia se ha convertido en un duelo entre dos hombres que no acudirán a las urnas: el ex presidente de derecha Álvaro Uribe y el presidente de izquierda Gustavo Petro. Los comités políticos del país se están organizando nuevamente en torno a sus líderes después de los resultados del domingo. Iván Cepeda es la mejor opción para los progresistas, mientras que Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, de derecha, dependen de alguna manera de Uribe.

El panorama que dejaron las elecciones legislativas del 31 de mayo y la primera ronda de consultas ya es claro. Por un lado, Petro logró agrupar a la izquierda en la Convención Histórica y se convirtió en el partido más votado. La derecha, por otra parte, sigue girando en torno a la imagen de Uribe, que lidera el segundo grupo en términos de número de bancadas y votos, dos décadas después de llegar al poder. “La política colombiana vuelve a centrarse más en líderes individualistas que en partidos”, explica el analista político Camilo Granada.

Petro y Uribe habían estado midiendo la fuerza de las trincheras de cada uno durante años. En entrevista con El País, Petro calificó sarcásticamente al expresidente como un “viejo cansado” que no podía dejar de participar en la política nacional. Uribe, por su parte, hizo de Petro un símbolo de todo aquello contra lo que luchó: el populismo, la izquierda radical y el riesgo de que Colombia acabe “como Venezuela”, como solía repetir. En los últimos meses ha renovado sus duros ataques contra él, acusándolo de mentir y de hundir al país en una crisis de seguridad y de narcotráfico.

Pero el duelo no es simétrico. Para un presidente latinoamericano saliente, Petro aportó algo inusual a esta elección: un bloque político que no sólo sobrevivió a su administración sino que incluso amplió la fuerza del Congreso y llegó a convertirse en el banco más grande del Senado. Su índice de popularidad del 50% se ha convertido en el principal activo de Cepeda, habiéndose colocado en lo más alto de todas las encuestas de opinión sin promoción especial en los medios. Según un promedio de encuestas elaboradas por El País, el senador tenía cerca del 40% de intención de voto sin debate y apenas entrevistas.

Sin embargo, en la derecha la situación es más complicada y el liderazgo de Uribe es a la vez una fortaleza y un problema.

Paloma Valencia arrasó en las encuestas de centroderecha el domingo con más de 3 millones de votos, probablemente impulsada por la maquinaria uribista. Pero este resultado no garantiza un lugar en la segunda ronda. Como reconoce su propio equipo, necesita ganarse al votante medio. El centro se ha mostrado escéptico respecto de Uribe durante años.

Este centro descentralizado, urbano y tradicionalmente anticorrupción ha sido el árbitro de las últimas elecciones de Colombia. Es uno de los electores que en el pasado han gravitado hacia figuras como Sergio Fajardo o Claudia López, quienes suelen decidir la segunda vuelta de las votaciones. Ahora parece estar mirando hacia la derecha.

“Hay un electorado central –entre tres y cuatro millones de votos urbanos– que históricamente votó contra Uribe”, explicó el analista Héctor Riveros. “Es un hecho absolutamente nuevo que una parte del centro político esté dispuesta a apoyar una candidatura apoyada por Uribe, como se vio en las consultas que ganaron en Valencia”.

Valencia puede conquistar el centro con un paquete que tenga a Juan Daniel Oviedo como vicepresidente, lo que sería una gran sorpresa en las elecciones del domingo. Su imagen más moderada suaviza la imagen del senador, quien se ha promocionado como “de Uribe” en esta campaña. Oviedo, que recibió más de un millón de votos en la misma consulta en la que participó Valencia, es una figura inusual entre el centroderecha: denunció el genocidio en Gaza, reconoció los logros de Petro, es abiertamente gay y no dudó en contar su difícil historia personal. Él mismo advirtió al candidato: “Te amo, pero tienes que elegir entre abrir el espectro político o seguir a Uribe”.

Riveros también advirtió: “Si Valencia quiere ir más allá de los votos duros que ya tiene, tendrá que hacer algo que hasta ahora parecía impensable: distanciarse del hombre al que llama ‘papá'”. No seas el candidato de Uribe, al menos entre los votantes centristas. Parricidio político.

Mientras la derecha decidía cómo conquistar el centro, Cepeda parecía haber tomado otra decisión y eligió como número dos a la senadora indígena Aída Quilcué. La apuesta fortaleció su base política, pero tuvo dificultades para expandir votantes más allá de la izquierda, incluso cuando mostró a uno de los viejos enemigos de Valencia: dos mujeres blancas, una blanca, de derecha y de clase alta, la otra indígena, con una historia de lucha social y víctima de la violencia.

La victoria dependerá en última instancia del límite electoral de cada candidato. No falta mucho para que Cepeda, cuyo apoyo en las encuestas no ha parado de crecer, se reúna con él, y el valenciano puede estar igual de cerca. “Paloma ha crecido hasta ahora como candidata de Uribe”, explicó. “Pero si esto continúa, alcanzará el nivel que alcanzó Uri Bismo el domingo. Es un buen resultado, pero no suficiente para ganar las elecciones”, advirtieron los analistas.

Sin embargo, Uribe tiene ventaja sobre Petro. No está compitiendo con un candidato, sino con dos candidatos que orbitan alrededor de su liderazgo: Valencia, el candidato oficial, y Abelardo de la Espriella, el candidato interino. Dos opciones podrían aumentar al menos las posibilidades de llegar a la segunda vuelta y unificar el voto antipetrista. “Uribe está jugando un juego de dos caballos”, concluyó el analista Camilo Granada. “El objetivo central es impedir que su viejo enemigo y heredero político de Petro, Cepeda, llegue a la presidencia”.

No es la primera vez que la política colombiana se ordena así. Durante años, el país ha girado en torno al eje del uruguayismo y el antiuruguayismo. Ahora el petrismo comenzó a oponerse al antipetrismo. Por primera vez en décadas, Colombia vuelve a enfrentar elecciones ordenadas por dos líderes. Pero esto no está exento de paradojas. Si bien Petro es visto como un activo electoral, Uribe, por otro lado, probablemente terminará escondiéndose para ganar. “Si el dilema electoral termina siendo Petro versus Uribe, entonces lo más probable es que gane Petro”, vaticinó Riveros.

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