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Las quejas pueden salir caras en las residencias de mayores de Madrid. Al menos una decena de usuarios y familiares son conscientes de ello y han denunciado haber sido expulsados ​​o sancionados tras protestar por las malas condiciones de vida en estos centros. La solución fue casi siempre la misma: la amenaza de traslados forzosos acabó materializándose en algunos casos, según familiares y asociaciones de vecinos, que interpretaron estas medidas como “represalias” por el deterioro sufrido por los centros, que a veces hicieron públicas, a veces sólo a la dirección del centro. Esta situación se ha convertido en un patrón, pero las residencias mantienen la distancia, citando como excusa a residentes o familiares sospechosos de violar los sistemas disciplinarios internos, y negando categóricamente cualquier forma de represalia.

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