El contraste con el año pasado no podría ser mayor. Quien cruza la puerta de Reerink Fietsen ve ahora una tienda luminosa y moderna en la que todo es nuevo. Pero a Frank Reerink todavía le duele el estómago cuando recuerda lo que vio entonces: un interior completamente oscuro con bicicletas y scooters deformados por el calor. “Una pesadilla”.
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