Una encuesta a 782 jóvenes de 15 años realizada por las Universidades de Elche y Vigo muestra la influencia de las “fuentes” o pronosticadores de apuestas en las redes sociales. Lo que los lleva a esta peligrosa situación es su tendencia a: … Esto es claramente cierto en el caso de los juegos de azar a una edad más vulnerable que aquellos que no reciben su contenido.
En un comunicado, el campus de la UMH de Elche destaca que “los menores preocupados por estos datos juegan con mayor frecuencia y tienen menor percepción de riesgo”.
De hecho, en este juego de equilibrio, advierten, “los datos apuntan a la necesidad de establecer límites a las estrategias de marketing de las casas de apuestas y desarrollar mecanismos de prevención temprana”.
Estos auténticos expertos en el campo de la probabilidad y las oportunidades de bonificación, conocidos como “tippers”, recomiendan las apuestas deportivas a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas especializadas. La Universidad de Elche subraya que esto está lejos de la imagen que aparece en la película de casas de apuestas oportunistas y pequeñas redes de clientes locales, sino más bien de un fenómeno profesionalizado y de alcance global.
“Sus estrategias en redes sociales pasan por generar contenidos que enmarquen el juego como una actividad habitual, rentable y socialmente aceptable”, explica Daniel Lloret Irles, catedrático de Psicología Social de la UMH y codirector del estudio.
Según el experto, complementan la publicidad que abunda en las retransmisiones deportivas tradicionales y los esports. “Forman parte de una cultura del éxito económico y son los principales valores que promueven los influencers, donde las líneas entre entretenimiento y juego se difuminan; los informantes actúan como amplificadores de estos mensajes”, afirmó Lloret.
Con este vertiginoso objetivo en mente, su contenido enfatiza los triunfos del juego y minimiza sus fracasos para crear una historia de éxito.
“En este caso, cabe preguntarse para quién trabaja realmente el proveedor de inteligencia”, afirman los investigadores de la UMH. Porque, aunque su mensaje es que ganan mucho dinero apostando y quieren que otros hagan lo mismo, en la mayoría de los casos sus ingresos dependen de atraer nuevos usuarios a la casa de apuestas.
Por ello, los expertos advierten de la necesidad de estudiar cómo estos mensajes afectan a los jóvenes.
El estudio, publicado en el Journal of Gambling Research, analizó la relación entre la exposición a informantes y diferentes variables psicológicas y conductuales relacionadas con el juego adolescente. Para ello, el equipo investigador encuestó a 782 estudiantes de secundaria y formación profesional de Galicia, con una edad media de 15 años (44% hombres, 56% mujeres). Los participantes se dividieron en tres grupos: los que no conocían a los “informantes”, los que los conocían pero no los seguían y los que seguían su contenido.
“Los resultados mostraron un patrón claro: los adolescentes que siguieron a los denunciantes mostraron mayores niveles de disposición a jugar -tanto en plataformas en línea como en tiendas de apuestas físicas-, así como una mayor frecuencia de juego y características psicosociales de mayor riesgo”, explica Lloret.
Asimismo, la encuesta también mostró que los jóvenes que siguen a estos “influencers” profesionales son menos conscientes que otros de los peligros del juego, creen que el juego es más común entre sus pares y muestran motivaciones más fuertes para el juego, particularmente en relación con el dinero.
“Lo realmente importante no es saber que el mundo del juego existe, sino sentirse conectado con él”, explica Lloret. Los investigadores de la UMH señalan que “la exposición activa –el seguimiento de un informante– es lo que realmente se asocia a mayor riesgo.
El estudio también encontró diferencias de género. Los niños muestran mayor disposición y frecuencia de juego que las niñas. “Cuando se trata de hombres, se produce una tormenta perfecta”, dijeron los investigadores: “Sabemos que los hombres tienden a empezar antes, a apostar más en deportes y lo hacen por impulsividad o búsqueda de emociones fuertes. Y el mensaje del pronosticador, basado en el éxito, la estrategia y el control, encaja perfectamente con la imagen masculina del apostador”.
‘Falsa sensación de control’
Los investigadores explican que, además de su evidente función informativa, los “informantes” influyen a través de dos mecanismos clave: por un lado, refuerzan la idea de que el juego es algo normal y socialmente aceptable; Por otro lado, crean una falsa sensación de control al enfatizar las apuestas ganadoras y ocultar las pérdidas. Esto puede llevar a los adolescentes a sobreestimar su capacidad para predecir resultados inciertos.
El contexto actual refuerza la necesidad de poner límites. Aunque la edad legal para jugar a juegos de azar en España es de 18 años, el 24,4% de los adolescentes de 14 a 18 años ha jugado algún juego de azar. Así lo demuestra un estudio de 2025 del Observatorio Español de Drogas y Adicciones, que también señalaba que la prevalencia es mayor en los niños (34,7%) que en las niñas (14%). Además, casi el 5% mostró signos de un “problema de juego”.
Los expertos destacan que la adolescencia es un período particularmente vulnerable a tales efectos. De hecho, investigaciones anteriores de la UMH han demostrado que cuando los jóvenes están expuestos a menos presión publicitaria, tienen actitudes menos positivas hacia el juego.
Además, el uso frecuente de las redes sociales en niños menores de 16 años se asocia con un aumento de los síntomas depresivos, período durante el cual los niños experimentan cambios emocionales, sociales y neurocognitivos.
“En el lado positivo, ahora sabemos que la exposición a informantes puede ser un signo temprano de vulnerabilidad, incluso antes de que los jóvenes comiencen a jugar”, enfatizó Lloret. A partir de estos resultados, el equipo plantea la necesidad de fortalecer la regulación del marketing de afiliación en el sector del juego, especialmente las redes sociales, y desarrollar intervenciones preventivas.
Entre otras cosas, proponen un programa de “alfabetización mediática” para familias y centros educativos que pueda ayudar a identificar estrategias persuasivas que disipen la “ilusión de control” y proporcionen una visión más realista del riesgo. ¿El programa QTJ es un ejemplo? (Lo que es peligroso) de la UMH.
El estudio fue codirigido por Manuel Isorna Folgar, investigador de la Universidad de Vigo. En el estudio también participan Mario Albaladejo Saura, investigador de la Universidad Católica de San Antonio de Murcia, RIAAd, red de investigación sobre adicciones en atención primaria, y Víctor José Villanueva Blasco, investigador de la Universidad Internacional de Valencia.