Una vez finalizado el proceso de campanillas y uvas, nos llega otra campana que casi compite con ellas en resonancia y frutosidad, el estreno de esta película protagonizada por Sydney Sweeney, incomparable actriz en jeans. El “asistente” tiene otros intereses, … Basado en la novela más vendida a nivel mundial de Freida McFaddeen, es como si Sweeney compitiera por el estatus con Amanda Seyfried, con un nivel de publicidad que deja a la gente preguntándose quién es el dueño de los jeans.
La trama es tan colorida como la de las dos actrices, siguiendo la relación de una criada recién contratada (Sweeney), su esposa (Seyfried) y su marido (Brandon Skrenner) en una casa lujosa. El director Paul Feig da forma a su narrativa para convertirla en una historia intrínsecamente sucia y divertida, y proporciona mucha información para que el público pueda entretenerse mediante la contemplación y creer que sabe hacia dónde se dirige la historia. En unos pocos trazos, nos reveló un poco: Hay un gran problema en el pasado de la criada Sweeney, y ella está en libertad condicional; Además, el personaje de la esposa Seyfried tiene un hilo muy cruzado que en ocasiones chispea y presenta al marido como un hombre sabio con la paciencia de un santo y suficientes abdominales para prever lo que va a pasar en esa casa, mientras que el jardinero (curiosamente, curiosamente) los siente tan claramente como el público…
La intriga y los presentimientos están en su punto, y los giros del guion llegan más o menos hacia la mitad, que son las mejores partes de la película, como se ve en los gestos de Sidney Sweeney y la expresión de Amanda Seyfried al salir de casa y entrar en su coche, trastocando la trama y nuestras predicciones. Un bonito giro que cambia el género de la película en el proceso y casi se convierte en un thriller de terror.
El director Paul Feig, que dirigió esta mítica serie llamada Mad Men, hace un gran trabajo al mostrar el cuestionable gusto de esta casa “pija” y los vestuarios y costumbres de sus adinerados residentes, como lo demuestran las dos o tres apariciones de su suegra o de su madre, para quien la actriz Elizabeth Perkins mandó hacer un bordado para colgar en el árbol de Navidad. Frege utiliza el espacio, la picardía de la cámara y las buenas habilidades físicas de sus protagonistas para mantener las brasas siempre encendidas.
La historia de “El Asistente” introduce varias ideas, Pero el más obvio se centra en el papel de la mujer en una relación, Esto concuerda con la conocida solidaridad femenina, ya que una habitación sin llave es sospechosa, pero una con llave lo es aún más. Hay otras ideas más oscuras y más dignas de ridículo o miedo, pero el público las descubrirá sin que tengamos que andar eliminándolas aquí.
Es una gran sopa para empezar el nuevo año, llena de aroma y sabor, mucha intriga, algunos sustos, y suficiente para que su estrella, Sydney Sweeney (que también produjo, junto a Amanda Seyfried) sea motivo para hablar de otro tema que no sea el absurdo de un anuncio de jeans.