Daniel Sirera, presidente del grupo municipal del Partido Popular de Barcelona, lanzó este martes la campaña “Calles Seguras” en la plaza de Salvador Seguí, en plena calle Robador, acompañado de ocho “agentes” extrañamente estacionarios de la Guardia Urbana de Barcelona. … Situado en pleno centro de Ciutat Vella, en el barrio del Raval.
Daniel Sirera presentando el evento.
(ABECEDARIO)
Los policías que lo acompañaban no eran reales, lo que no hizo más que resaltar la principal motivación del hecho, que era la necesidad de incrementar el número de agentes locales en la ciudad. Por ello, los carteles de “Aquí no hay policía” intentan llamar la atención sobre la falta de agentes policiales en diferentes zonas de la ciudad.
El grupo popular informa que el acto se ampliará a diez distritos de Barcelona a través de carpas que servirán como comisarías móviles donde los ciudadanos podrán presentar quejas y preocupaciones sobre seguridad.
Sirera asegura que “Barcelona se ha convertido desgraciadamente en la capital del crimen y en la ciudad más insegura de España”, respaldando su afirmación con cifras oficiales: “en 2025 se cometerán 170.000 delitos, lo que supone 464 delitos al día; cuatro agresiones sexuales al día, incluida la violación; un aumento del 24% en el tráfico de drogas y un aumento del 40% en homicidios y tentativas. Asimismo, destacó que el año pasado se recogieron 70.000 jeringuillas abandonadas en plazas y parques.
La campaña se lanzó después de un fin de semana trágico. Sirera señaló que no se trata de hechos aislados: “Desde que Jaume Collboni es alcalde, ha habido un total de 37 homicidios en Barcelona”. Sirera fue especialmente crítico con el alcalde, diciendo que “Coboni es demasiado grande para Barcelona”, acusándolo de inacción en medio de la creciente inseguridad. “Coboni se ha convertido en un ‘falso’ alcalde que se preocupa más por las redes sociales que por los problemas reales de los ciudadanos”, añadió.
En este contexto, Sirera pidió la dimisión de Albert Butler, el concejal de Seguridad que lleva siete años al frente del área, porque considera que “no tiene capacidad para revertir una situación en la que los delincuentes se sienten cómodos en Barcelona, mientras los ciudadanos tienen miedo de caminar por las calles y la guardia municipal se siente abandonada por el municipio”.
