ANP-505790648.jpeg

“Demasiada polonesa en mi cuerpo”

En una entrevista personal, Ria dice que pensó que había dejado atrás el capítulo del cáncer. Durante años participó fielmente en los exámenes de detección de la población, aunque las mamografías no le resultaban nada agradables. “La mamografía me pareció terrible. A los 75 años ya no era necesaria y pensé: la he superado bien. No es así, porque debido al diagnóstico de cáncer tengo que volver a pasar bajo la máquina en cada control”.

Desafortunadamente, esta idea resultó ser errónea. Le diagnosticaron cáncer de mama dos veces en dos años; el diagnóstico más reciente fue en enero del año pasado. Gracias a la radiación, su cuerpo ahora está libre de cáncer, pero los efectos todavía se sienten todos los días. “Mi cuerpo se ha deteriorado. Estoy muy cansada. También sufro de edema en el pecho. Recibo un masaje semanal para drenar el exceso de líquido en mis ganglios linfáticos”.

Además de los tratamientos recientes, Ria también tiene cicatrices del pasado. Cuando era adolescente, tuvo que someterse a una cirugía mayor después de contraer tuberculosis, lo que le dejó varias cicatrices de su enfermedad posterior. “Uno debajo de mi seno derecho, que llega hasta mi espalda. (…) Y dos debajo de mi axila, a consecuencia de este cáncer de mama”.

Por eso tiene una opinión clara sobre el futuro y decide no someterse a ningún nuevo tratamiento: “Si el cáncer vuelve, no haré nada al respecto”, afirma con firmeza. “Demasiada polonesa en mi cuerpo”.

Referencia

About The Author