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La periodista y colaboradora de RTVE Sarah Santaolalla lanzó una potente denuncia pública tras una serie de incidentes de acoso y amenazas que culminaron en un ataque simbólico muy politizado: el monumento de Las Trece Rosas en el cementerio de La Almudena fue desfigurado con pintadas y amenazas de muerte.

“Este es un mensaje claro, directo y violento. No es casualidad que hayan elegido este lugar, que es un símbolo de la lucha antifascista”, escribió Santorala en las redes sociales. Santorala obviamente se vio afectada. El monumento, construido para conmemorar a las 13 mujeres asesinadas a tiros por el régimen de Franco en 1939, ha sido blanco de ataques que conmocionaron a las instituciones y a la opinión pública.

La escalada comenzó en las redes sociales, donde los periodistas fueron constantemente insultados y amenazados. Según su testimonio, la diputada del PP, Elisa Vigil, la humilló públicamente con comentarios sexistas en el lugar de trabajo. Pero poco después ocurrió lo más grave: Vito Quiles, el provocador extremo, intentó entrar en el edificio de RTVE interrogándola directamente.

Tras abandonar el Prado del Rey, Santalá fue perseguido por la autopista en un coche conducido de forma imprudente. “Superé el límite de velocidad y puse en riesgo mi vida y la del conductor”, explicó. Cuando llegó a casa, Vito Qualls y otros dos hombres la estaban esperando. La reportera acudió inmediatamente a la comisaría y tras identificar a la implicada, los policías la llevaron a su casa.

“Esto no es prensa libre, esto es fascismo. Esto es violencia”, denunció, advirtiendo que se trataba de una campaña de alarmismo orquestada. El ataque al monumento de las Trece Rosas reforzó este sentimiento: “Quieren que tengamos miedo de alzar la voz”.

La respuesta política no ha sido lenta. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se solidarizó en las redes sociales: “Amenazar de muerte a un periodista cruza una línea intolerable. Sarah, no estás sola”. Miembros del poder ejecutivo y representantes de todos los partidos se unieron a él para condenar estos incidentes y exigir una mayor protección para los profesionales del periodismo.

RTVE, el Consejo de Prensa y su presidente José Pablo López también condenaron los incidentes. “Nada fue una coincidencia”, dijo. “Esto era parte de un elaborado plan para intimidarla”.

Sarah Santaolalla convirtió su experiencia en una advertencia sobre la violencia política que sufren especialmente las mujeres periodistas. El ataque al monumento de las Trece Rosas convirtió el caso en un nuevo símbolo de los riesgos que enfrentan quienes se atreven a decir cosas que otros quieren silenciar.

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