22 de febrero de 2026 09:52 am
Cuando un perro de rescate encuentra a una personase sienta a su lado (o lo más cerca posible) y ladra hasta que llega su cuidador. Esta regla básica del “binomio” para perros y humanos se repite en todo tipo de misiones de rescate: en edificios dañados, tras explosiones, en laderas cubiertas por avalanchas y otras emergencias. En el accidente de Adamus (Córdoba), Equipo de Rescate Canino de Burgos Castilla y León -la máxima figura en el asunto- no intervino, pero el presidente Álvaro Martínez dijo que estaban “dispuestos” a hacerlo si fuera necesario.
Reconoció que sí se desplazaron a suelo valenciano con cámaras termográficas y equipos de apoyo tras los destrozos, donde las condiciones eran “terribles” y “la fuerza de los destrozos superó todo lo que jamás hayamos visto”. Sin embargo, entre sus búsquedas más habituales se encuentran personas mayores “desorientadas”: “El 90% del trabajo de los perros de rescate es en En busca de ancianos desaparecidos», anotó Martínez.
“Es muy importante porque este es el tipo de desaparición en la que la gente a menudo no sabe adónde fue la persona”, dijo. “No es fácil” porque viajar a entre 2,5 y 3,5 kilómetros por hora -que es la velocidad a la que estiman que puede moverse una persona mayor- significa “recorrer unos 177 kilómetros cuadrados en tres horas”. En este sentido, el presidente de la unidad nos recordó que el tiempo apremia y que no hay que esperar para informar de cualquier desaparición “como se hacía en la serie americana”. A ello atribuyó la cautela a la hora de notificar las emergencias, señalando que “hay que destapar y olvidar las cosas durante 24 horas”. “Las convocatorias nos permiten evaluar y activar recursos”, anotó. Una vez que se emite una alerta, se “perfila” a una persona desaparecida: la edad, los antecedentes, si la persona se ha ido voluntariamente antes o si hay una investigación judicial en curso, determinarán qué y cómo se movilizará, pero la información es crucial para “coordinar los recursos”.
Al fin y al cabo, se trata de un caso de cooperación constante con otros medios de comunicación y fuerzas y cuerpos de seguridad. GREM (Grupo de Rescate de Montaña y Cuevas) Equipo de Rescate Canino de Burgos Nació hace unos treinta años gracias a la ayuda de un grupo de voluntarios. Martínez estima que hay unos veinte perros de rescate y “aproximadamente la mitad” de todos los perros de rescate aquí hoy.
Como trabajador de salud ocupacional, insiste en que el hecho de que sus miembros sean policías o maestros no los hace menos efectivos. “Muy dedicados”, y la mayoría tiene “diez o quince años de experiencia” en el adiestramiento y perros guía, lo que los convierte en expertos en la materia. “Solo por ser voluntarios no dejamos de tomárnoslo en serio”, apunta, estimando que nueve de cada 10 guías de rescate de perros en Europa se enfrentan a esta situación pero no se dedican a ello profesionalmente.
De hecho, en este campo, la unidad de Burgos está posicionada como “referente” nacional por la Real Sociedad Canina de España, que también reconoce a otras tres organizaciones de rescate canino en España: Toledo (La Pólvora Negra), Txakur-Golfo de Vizcaya y el Grupo Canino de Rescate (GPS) de Navarra.
El Equipo de Rescate Canino de Burgos realiza un “binomio” entre los escombros tras una explosión de gas producida en el barrio de Yinmaculada de la ciudad.
(ABECEDARIO)
Hoy en día, las unidades del GREM tienen convenios con el Ayuntamiento de Burgos, la Diputación Provincial o la Junta de Castilla y León y se activan a través de ellos o bajo los requisitos del 1-1-2, aunque su funcionamiento varía mucho. Además, participan en programas de cooperación y desarrollo con el gobierno autonómico, a través de los cuales Mentoría a nuevos guías caninos. Proporcionar asistencia para los esfuerzos de socorro en otros países, especialmente en América Latina.
“Lo difícil de un perro de rescate es que no puedes entrenarlo en un año, es técnicamente imposible sin 2.500 horas, mientras que si lo entrenas para encontrar drogas, lo estás entrenando en dos meses”, dijo Martínez. La complejidad de esta “especialidad” proviene de que hay que preparar al animal para “una variedad de escenarios”, convenciéndolo de actuar de una determinada manera, independientemente de sus instintos. “Sería difícil convencerlo de entrar en un edificio y buscar solo en el sótano en la oscuridad, o de caminar dos horas en la nieve y luego ponerse a trabajar”, puso como ejemplo.
Sin embargo, el sorprendente sentido del olfato de esta especie, en comparación con el de los humanos “El 40% del cerebro está más centrado en el olfato”-, que, según Martínez, se convirtió en una herramienta especial capaz de localizar una cucharada de azúcar en una piscina olímpica. “Incluso utilizamos la diabetes para identificar a las personas, el perro puede diferenciar entre blanco, negro o indio, sabe dónde están los heridos o las personas bajo los escombros”, pone como ejemplo el experimentado adiestrador. El desafío para los animales es poder transmitir información, especialmente en situaciones que no se pueden simular durante el entrenamiento.
Aprender “a través del juego”
El método de entrenamiento básico es “de forma activa, a través del juego”, canalizando su “instinto de caza” y su “condicionamiento clásico”. Esto incluye enseñarle que si avanza “habrá recompensa”: cuando se queda al lado de la persona que encuentra y ladra, Tu guía llega para felicitarte y regalarte un juguete.. Aquí es donde sus asesores intervienen para afinar el metraje, ya que su capacidad de “localizar a cualquiera que esté quieto” al aire libre significa que repetirán el proceso, incluso si solo están durmiendo una siesta en el césped.
Una de las técnicas de seguimiento que inculcan es lo que se llama “acecho”. “Les das algo para oler y simplemente siguen a esa persona”, confirmó el presidente de la división. Para ello, sin embargo, “hay que trabajar dentro de las primeras 72 horas, y a partir de ese momento es muy difícil porque el olor desaparece”, anotó, ya que se guían por el breve olor de las personas en movimiento, que la lluvia y otros factores pueden interferir.
De todos modos, esta es una tarea que requiere que los voluntarios dediquen su tiempo y trabajen contrarreloj. Martínez lo define como un “estilo de vida”. “La pasión por trabajar con perros y querer ayudar nos anima a hacerlo”, concluyó.
