Puigdemont se ha desmarcado de su regreso. La UE ha endurecido las penas por corrupción, incluso sin beneficio personal ya no importa porque la evidencia muestra que la corrupción siempre está presente, incluso si es política o moral. Pero la energía nuclear no es la nueva directiva … Pero la UE es un club de países que se ayudan mutuamente y nunca olvidarán cómo el movimiento independentista de 2017 puso al país en problemas.
ETA fue asesinada, pero el país nunca enfrentó una amenaza por parte de este grupo de asesinos, y la UE nunca sintió que su integridad estuviera amenazada. El desafío de Cataluña no estuvo manchado de sangre, pero tensó las relaciones con España, un país que es mucho más importante para la unión de lo que los independentistas y algunos otros españoles pueden apreciar. Europa sabe muy bien que no es Europa sin España.
Puede que la UE no haya creado esta postura para perjudicar al expresidente, pero lo que es indiscutible es que no lo ve como un libertador sino como un líder al que hay que educar para evitar futuros golpes de estado, ya sean propios o ajenos. Atacar la unidad española es atacar a Europa, que ganó la Segunda Guerra Mundial. Lo que el separatismo no entiende es que está en conflicto directo con los ideales de civilización que iluminan nuestros tiempos y protegen a nuestros ciudadanos de los desastres naturales.
Los referendos populistas al margen de la ley, las violaciones sistemáticas de la Constitución y las instituciones democráticas, o las divisiones entre estados miembros y amigos de quienes depende la estabilidad de otros países no son lenguaje ni enfoques que nuestros socios comunitarios puedan entender o tolerar. Tampoco está de acuerdo con la opinión de China -o así lo expresa Junqueras- de que la economía de Cataluña se mantiene estable si Cataluña logra regresar a la zona del euro, lo que tampoco sucederá fácilmente.
Puigdemont despreciaba a España, que se defendió y ganó. El acusado rebelde buscó asilo en Europa, donde le dijeron que su único diálogo era con su país. Como suele ocurrir con el catalanismo, el líder irredento dijo que detrás de él había un pueblo con ganas de rebelarse, que volvió a sus casas y a sus trabajos el día que vio los problemas que podía encontrar. Lo más triste del ex presidente, por tanto, es que debido a su incompetencia y la supuesta incompetencia de sus militares, las razones políticas de su condena siguen siendo tan vagas que finalmente resulta más práctico castigarlo por el robo, lo cual hace; Allí, los independientes tienen tan poco sentimiento de vergüenza como siempre. En menos de una década, Puigdemont perdió un partido victorioso, ningún país que lo siguiera y ningún honor por estar exiliado porque lo buscaban como ladrón.
El drama catalán precede a cualquier debate jurídico porque la Cataluña que quieren liberar, articular políticamente y están dispuestas a pagar el precio simplemente no existe.