Junts, originalmente la Confederación Democrática Catalana (CDC) fundada por Jordi Pujol en 1974, siempre ha estado en una encrucijada. Desde el principio la gente no supo si el CDC era un movimiento o un partido político. no se si lo es nacionalista o … independentista y si la fuente de su consumo de alcohol era liberal, socialdemócrata o demócrata cristiana.
Ahora, tras su 50 aniversario y algunas remodelaciones, incluido su nombre, Junts sigue en una encrucijada. No sabía qué hacer. No sabía qué camino elegir. No sabía con quién pasear. A diferencia del CDC de Jordi Pujol, vinculado a la UCD de Josep Antoni Duran i Lleida, Jutz está solo y sin pareja. La soledad política -provocada en gran medida por los caprichos laterales de Carles Puigdemont y que termina en el aislamiento- puede conducir a ningún lugar donde retroceder en el corto o mediano plazo.
Conexiones con el ERC, cuyo paradero, paradero y finalidad nunca se han conocido; También se descartan conexiones con CUP y Comunas, ya que las bujías generan chispas que eventualmente podrían provocar cortocircuitos o incendios; estas alternativas han quedado descartadas -reservadas por el propio PP en caso de que surja la necesidad o una oportunidad que no se pueda desaprovechar-, Jutz dejó atrás al PSC-PSOE y a la federación catalana.
Si Junts firma una alianza con el PSC-PSOE -que ya han logrado algunos avances en Cataluña en materia de lengua, seguridad y vivienda- corren el riesgo de fortalecer al PSC, haciendo el papel de monaguillo de Pedro Sánchez, sirviendo un puñado de garbanzos y siendo tildado de “botifler”. De hecho, esta alianza suprimirá a ERC. Efectivamente, Carles Puigdemont no celebrará el acuerdo con una copa de cava. Jutes está desesperado por redimir al fugitivo de una vez por todas.
Si Junts firma un acuerdo con Aliança Catalana -la alternativa preferida por el arquitecto del desastre Artur Mas- corre el riesgo de dividirse. Por un lado, las federaciones regionales podrían aceptar el acuerdo por dos razones: porque ganarían la alcaldía así como cargos en el ayuntamiento y los consejos regionales; Porque, el nacionalismo de las federaciones regionales rima con el nacionalismo de la federación catalana. Al Consejo Conjunto de Ciudades, por otro lado, le resultaría difícil aceptar un acuerdo que les dificultaría gobernar ciudades y gobiernos grandes y medianos.
Es evidente que Carles Puigdemont merece una feliz jubilación. Junts no podía permitirse el lujo de dejar escapar a la Aliança Catalana. ¡Qué encrucijada! Qué laberinto.