A lo largo del último siglo, los lobos ibéricos se extinguieron en amplias zonas de España. No se extinguieron, los matamos. En el Sureste desaparecieron hacia 1930 con los últimos lobos que matamos en las Montañas del Bazar, las Alpujarras y Sierra Nevada. Casi al mismo tiempo ocurrió lo mismo en Cataluña, y en 2025, tras casi 100 años de desaparición, se volvieron a cultivar ejemplares de la subespecie italiana procedentes de Francia. En la Comunidad Valenciana desaparecieron hacia 1950. En Andalucía y Extremadura, su desaparición a finales de 1990 supuso la extinción de los últimos lobos australes, un animal con características ecológicas únicas y quizás restos genéticos del lobo levantino, que el naturalista Ángel Cabrera consideraba una subespecie a principios del siglo XX. En las últimas décadas, sólo el norte de Castilla-La Mancha y la Comunidad Autónoma de Madrid se han convertido en zonas de tímida recolonización, gracias a ejemplares ibéricos del cuadrante noroccidental -Asturias, Galicia, Cantabria y Castilla y León-, donde estas especies nunca han dejado de existir, a pesar de importantes cambios en su distribución y reducción del número de territorios en periodos de mayor o menor persecución.
Esta regresión de su distribución histórica fue uno de los argumentos que llevaron a la inclusión del lobo ibérico en la Lista de Especies en Régimen Especial de Protección (LESRPE) en 2021, cuarenta años después de que pioneros como Félix Rodríguez de la Fuente o José Antonio Valverde lanzaran por primera vez campañas a favor de la protección del lobo en los años 80.
No se trata de una cuestión económica y ciertamente está lejos de ser una cifra “sangrienta”.
Sólo cuatro años después, en marzo de 2025, en el marco de la tramitación parlamentaria de la Ley de Prevención de la Pérdida y Desperdicio de Alimentos, el Partido Popular introdujo modificaciones en determinadas disposiciones de la ley para echar a los lobos de la LESRPE, que fue apoyada y aprobada por Vox, Junts y el PNV. Esta acción violaba cualquier normativa en materia de conservación de la naturaleza y ha sido objeto de un recurso del Defensor del Pueblo ante el Tribunal Constitucional, y en las semanas siguientes los gobiernos de Cantabria, Asturias, Galicia y La Rioja anunciaron planes para matar a los ejemplares. Las dos primeras comunidades, que mataron un total de 94 animales en las dos áreas, fueron las más severas en la aplicación de estos eufemísticamente llamados “programas de control”.
En respuesta a la persecución iniciada por algunos gobiernos locales, se han puesto en marcha una serie de acciones legales por parte de diferentes organizaciones, destacando entre ellas el despliegue impulsado por la Fundación para la Conservación del Lobo Ibérico, así como entidades como el Fondo Mundial para la Naturaleza, la Asociación para la Protección e Investigación del Lobo Ibérico o Ecologistas en Acción, y apoyado por numerosas entidades de todo el país. Este esfuerzo contó con un amplio apoyo social y se saldó con la emisión de una orden de cese preventivo por parte del Tribunal Superior de Justicia de Xustiza de Galicia (TSXG) en base a una resolución aprobada por el Gobierno gallego, aunque es el único tribunal que sigue los criterios científicos aportados por los recursos aportados por las distintas organizaciones de todas las comunidades que han iniciado planes de erradicación del lobo. Sorprendentemente, el Grupo TSX tomó precauciones para considerar adecuadamente el impacto de la muerte del lobo gallego en la vecina región portuguesa, ya que la población de lobo compartida por ambos países debe considerarse una única población de la subespecie ibérica.
En junio de 2025, el Ministerio de Transición Ecológica publicó los resultados del censo 2021-2024, que España está obligada a realizar para actualizar el estado de conservación de las especies bajo la Directiva de Hábitats. El censo, basado en datos facilitados por la comunidad autónoma, muestra la presencia de 333 grupos reproductores de lobos en toda España, un ligero aumento de sólo el 12% respecto al censo 2012-2014, y un ligero aumento en la distribución territorial. Según un informe elaborado por la Iniciativa de Grandes Carnívoros de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) por encargo de la Comisión Europea, si se incluyen los 60 bovinos registrados en Portugal, la población ibérica total se acercaría a los 400, pero aún lejos del tamaño poblacional mínimo de 500 que garantiza la viabilidad genética.
En enero de 2026, la UICN clasificó al lobo ibérico en la categoría “vulnerable” de la Lista Roja actualizada de Especies Amenazadas, una evaluación respaldada por un informe elaborado por un equipo científico de primer nivel.
Podríamos seguir enumerando datos que muestran el frágil estado de conservación de la especie en España y Portugal -además de Portugal, donde la población está protegida desde 1988, pero esto depende del movimiento del núcleo español-, podríamos señalar los incendios del verano de 2025 que afectaron muy gravemente a muchos núcleos de lobos gallegos, zamoranos y leoneses, pero la realidad es que gobiernos autonómicos de diferentes tendencias políticas apuestan por la erradicación de los lobos, como es el caso de el PP de Galicia, Cantabria, Castilla León y La Rioja al PSOE de Asturias o el PNV de Bascardí.
¿Los escasos 1.800 lobos que viven en España suponen un problema grave para mantener tales tensiones políticas? Pongamos los números.
Aunque es difícil obtener datos oficiales de la propia comunidad autónoma, podemos especular que las pérdidas anuales que paga el gobierno por los ataques a la ganadería por la presencia de esta especie en su territorio oscilan entre los 8 y los 10 millones de euros. Hay que tener en cuenta que la cuarta economía de Europa, como España, puede permitirse esta inversión para mantener y proteger poblaciones de lobos saludables si tenemos en cuenta los servicios ecosistémicos que proporciona la presencia del depredador y el valor de la propia conservación de la fauna.
No en vano, durante los años en los que se protegió a los lobos, el Ministerio de Transición Ecológica destinó 20 millones de euros anuales a las comunidades autónomas de lobos para considerar indemnizaciones por los daños causados al ganado e implementar medidas preventivas, que las comunidades implementaron con gran desgana. Parece que reducir y compensar las pérdidas sufridas por algunos ganaderos no es una prioridad absoluta.
Matar 100 lobos es un ejemplo de populismo rural que ignora el conocimiento científico y la ética
Porque lo cierto es que la confusión en torno a los lobos no es una cuestión económica, ni mucho menos de cifras “aterradoras”, como varios concejales reunidos en Santander el pasado 30 de enero presionaron al Ministerio de Transición Ecológica, que siempre ha estado en línea con la opinión científica. Los lobos se han convertido en un factor de discordia forzada, al igual que los inmigrantes y los menores extranjeros no acompañados; Los lobos son vistos como “ocupantes ilegales” en las zonas rurales. En este contexto, tortuosas estrategias electorales en regiones como Asturias y Cantabria intentan ganar votos rurales en medio de síntomas de radicalización cada vez más preocupantes, lo que lleva a decisiones como la matanza de casi un centenar de lobos, incluidas hembras preñadas o lobos con cachorros recién nacidos. La matanza de 100 lobos ya se ha producido en las montañas de Asturias y Cantábrico, un ejemplo del desprecio del populismo rural por el conocimiento científico y la ética. Se debería exigir a los gobiernos que desarrollen políticas que concilien la actividad humana con la protección del medio ambiente natural, con políticas centradas en la prevención de daños (mediante el manejo de perros, la cría de ganado y el uso de nuevas tecnologías) y campañas de información. En una era de desinformación rampante, en la que incluso la evidencia climática se cuestiona cada vez más, no hay nada más peligroso que dejarse llevar por una marea que va en contra del conocimiento científico.
Podemos vivir sin lobos. Nuestras vidas serían peores porque los lobos desempeñan un papel importante en los ecosistemas y porque representan un elemento de gran importancia cultural. Pero no hay duda de que podemos vivir sin ellos, igual que estamos a punto de vivir sin linces, podemos vivir varios años sin urogallos, salmones y anguilas, especies que están al borde de la extinción si no se toman medidas urgentes de conservación. Pero muchos de nosotros no queremos vivir sin lobos, ni con una manada de lobos atrapada en una fortaleza, con el impulso político de matar a los lobos para conseguir unos cuantos votos.