La creciente retórica del presidente Gustavo Petro para distanciarse del establishment alcanzó un crescendo esta semana con dos impulsos paralelos. En ambos casos, la autonomía de las instituciones económicas más importantes de Colombia, la empresa energética Ecopetrol y el Banco de la República, estuvo amenazada.
En el aspecto más dramático, Petro luchó contra el Banco de la República de una manera sin precedentes en la historia reciente de Colombia. El ministro de Finanzas, Germán Ávila, abandonó una reunión para fijar las tasas la semana pasada en protesta por un aumento de 100 puntos básicos aprobado por la mayoría de los miembros. Petro, que calificó la decisión de “suicida”, aprovechó un discurso de media hora el martes por la noche para profundizar en el tema y atribuyó la decisión a “intereses de los banqueros”. La salida de Ávila de la junta plantea dudas sobre la capacidad del emisor para tomar una decisión en su próxima reunión del 30 de abril, dado que la ley no tiene en cuenta la ausencia del ministro en sus estatutos.
Un ataque similar ocurrió en Ecopetrol, en la que el Estado posee el 85,5% de las acciones y es el principal inversor. El directorio está presidido por la excandidata a la vicepresidencia de Petro en 2018, Ángela María Robledo, con siete de los nueve escaños reservados por el gobierno debido a su condición de gran inversora. La polémica surgió porque los siete directivos también buscaron, en una medida inédita, reunirse con el Presidente de la República en Casa Nariño para consultarle sobre temas relacionados con la larga gestión de Roa al frente de la petrolera, en medio del escándalo que obligó a ausentarse al presidente de la empresa, Ricardo Roa. Aunque la reunión fue cancelada en el último momento, el incidente aún dejó un sentimiento amargo sobre la autonomía del órgano de gobierno de la empresa más importante del país.
Para el exministro de Minería, Amílcar Acosta, lo ocurrido esta semana no tuvo precedentes. “Ningún Consejo Ecológico del Petróleo ha consultado antes al Presidente de la República sobre los términos de su presidencia”, dijo a El País. Acosta vinculó esta situación a la del Banco, cuyo directorio goza de autonomía legalmente garantizada y la ejerce incluso cuando el gobierno retira a sus representantes en señal de protesta. “Las políticas establecidas durante una década para proteger a Eco Oil de la interferencia política fueron revocadas en cuestión de días”, dijo el político.
Acosta dijo que esto fue en referencia a la reestructuración de la empresa en 2017 durante la administración de Juan Manuel Santos. Posteriormente, el Ministro de Minería, el Director Nacional de Planificación y el Ministro de Finanzas abandonaron la junta por asesoramiento directo de la OCDE. Su autonomía es significativa: Ecopetrol cotiza en las bolsas de valores de Colombia y Nueva York y está regulada por la SEC, lo que la obliga a adherirse a estándares internacionales de gobierno corporativo. “Quienes determinan el valor del petróleo ecológico no son actores de la política interna”, advirtió Sergio Guzmán, director de análisis de riesgos en Colombia. “Son inversores, incluso inversores internacionales”, añadió.
Guzmán fue más allá y advirtió que el gobierno “vendió la idea de que hay élites que obstaculizan su agenda” y que las acciones contra Ecopetrol y el Banco República habían “destruido el valor institucional y la credibilidad”. En ambas organizaciones, afirmó, no son disputas internas las que determinan el resultado final: “Quien decide cuánto vale el petróleo ecológico, cuánto están dispuestos a pagar por los bonos estatales o cuánto están dispuestos a invertir en empresas estatales es el mercado”, afirmó.
Pero hay algunos matices que son importantes. A diferencia del Banco de la República, cuya autonomía está protegida constitucionalmente, Ecopetrol todavía opera según una lógica corporativa, con obligaciones específicas para con sus accionistas, trabajadores, acreedores y ciudadanos. Natalia Name, abogada especializada en gobierno corporativo, lo señala. “El cuidado de la empresa se ajusta al mandato claro de la empresa al consejo de administración a través de la gobernanza”, dijo, “y redunda en beneficio de todos los accionistas”. Debido a la importancia de EcoPetroleum en las finanzas públicas, sus intereses nacionales se extienden más allá del alcance de cualquier administrador. Guzmán, de Análisis de Riesgos de Colombia, describió los graves riesgos que enfrenta la petrolera estatal: “Petróleo Ecológico todos los años sufre reformas tributarias y esta administración ha reducido la capacidad de producción”.
La controversia surge a raíz de una u otra paradoja. En el Banco República, Petro designó a cuatro de los siete miembros de la junta directiva, entre ellos Olga Lucía Acosta, quien votó en contra de sus intereses en lo que el presidente calificó como “el peor error de su vida”. En Ecopetrol, tiene una mayoría más cómoda en la junta directiva, pero quienes más presionan a Roa para que se vaya no son los independientes sino la Unión Sindical Obrera, USO, el sindicato de trabajadores petroleros, históricamente aliados del progresismo. Petro ha sido crítico con el emisor desde que la inflación se estancó en 5% a mediados del año pasado; Roa fue enviado de vacaciones después de meses de intensa presión política y mediática.
Ahora, el daño podría extenderse más allá de la política y las elecciones. Esta semana, en una entrevista repúblicaRichard Francis, codirector de calificaciones soberanas de América de la agencia de calificación de riesgo Fitch Ratings, dijo que a Colombia le tomará al menos tres o cuatro años más recuperar el grado de inversión que perdió en 2021, el grado de inversión que indica a los fondos internacionales que un país es lo suficientemente seguro. “No es que si gana Iván Cepeda al día siguiente lo perderemos, ni que si gana Paloma Valencia al día siguiente lo ganaremos”, aclaró Guzmán. “Significa que el mercado necesita ver mensajes y señales claros de la seriedad de la institución”. El gobierno que quede después de las elecciones de mayo tendrá el poder de reemplazar a dos de los cinco codirectores del Banco Repubblica en febrero de 2029 y podrá elegir quién se marcha. “Ésta es una de las cosas más decisivas en el mediano plazo para la economía nacional”, concluyó Guzmán.