Tengo que admitir que me encantan los cómics y el baloncesto desde que era niño. En aquella época yo venía del Real Madrid a Cobalán y Fernando, Martín y la Roma casi siempre jugaban todos los partidos importantes contra el Barcelona. en el equipo … Entre los rivales hay un jugador que me irrita y fascina al mismo tiempo. ¡No puedo parar en absoluto! Su nombre es: Andrés Jiménez. En mi imaginativa mente adolescente, lo veía como un personaje de Spider-Man, un charlatán altamente hábil que era difícil de atrapar.
La autobiografía, “Andrés Jiménez, mi loca historia del baloncesto”, me hizo sonreír por primera vez en su portada: Andrés se representa sentado en una mesa de dibujo, vistiendo su característico equipo de escalada en roca. Él mismo me confirmó que siempre se vio así en el campo y no pude evitar reírme cuando vi en una página del cómic que imaginaba el quinteto titular del “Barcelona Avenger”. Cuando era adolescente jugaba al mismo juego, imaginando qué superhéroe sería el mejor partido para cada jugador del Real Madrid. Algunas cosas son exactamente iguales que los lectores de cómics.
Este es un subtítulo apropiado para esta autobiografía episódica. No hay duda de que Andrés siempre fue mejor jugador de baloncesto que escritor de cómics, pero en el fondo siempre he preferido la autobiografía a la biografía. La razón es simple: tienen valor de testimonio emocional. Andrés no es una excepción.
Jiménez compensa las posibles carencias con su valor de recomendación. Lo mejor de la comedia es el emotivo relato de su historia personal, desde su nacimiento en Carmona hasta el final de su carrera deportiva. Hay algunas anécdotas de valor incalculable que emocionarán a los fanáticos del baloncesto y a otros entusiastas de los cómics. Finalmente, hay una historia sobre cómo superar obstáculos y luchar por tus sueños que entusiasmará a cualquier lector, sin importar cuán desconocidos puedan ser los dos temas.
Zapatillas para tu talla
Lo que me llamó la atención fue que Andrés tuvo que entrenar con su primer equipo, el CB Carmona, con los dedos de los pies encogidos porque no encontraba zapatillas de su talla en su pueblo y tuvo que usar varias tallas más pequeñas. También me conmovió que, ante los movimientos torpes que hacía en tales condiciones, fuera rechazado de una operación de reclutamiento de jóvenes promesas con tan solo 13 años, pero aun así no dejó el baloncesto.
Y luego hay otros sueños. Los que lo alimentaron, los que protagonizaron sus héroes de dibujos animados, los que le dieron la alegría única que tan bien conocemos los lectores de cómics. Andrés dijo que uno de sus recuerdos más preciados de la infancia eran los días en que visitaba la casa de sus abuelos. Fue un día especial porque tenían un quiosco y estuvieron toda la tarde leyendo unos cómics maravillosos.
El baloncesto y el cómic siempre han ido de la mano en la vida de Andrés. Para él, Fernando Martín era “Conan”, un apodo cariñoso que usaba para referirse al hombre que siempre sería su amigo, sin importar lo mucho que se divirtieran en la cancha. A cambio, el madrileño acuñó a Jiménez el apodo de “Jimix”, con el que firmaba todos sus cómics con una “x” al final, al igual que Astérix y Obélix.
La crónica de la excepción
En esta biografía encontré su obra especialmente valiosa porque reflejó en viñetas uno de los grandes acontecimientos de su carrera deportiva: los 84 Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en los que la selección española consiguió una meritoria medalla de plata, perdiendo sólo ante la imparable selección norteamericana con estrellas como Michael Jordan o Pat Ewing (contra quien Andrés realizó una soberana parada).
Como un periodista deportivo, Jimmies, lápiz en mano, bosqueja en vivo y en directo toda la aventura. Algunos de estos dibujos fueron publicados en revistas de baloncesto de la época, pero no cabe duda de que la inclusión de las obras mencionadas en este libro es un acierto por su indudable valor testimonial.
Además, como guinda de la propuesta, Jimix incluyó su propia historia del baloncesto. Un cómic basado en el deporte más cercano a él, dejando volar su imaginación como creador de cómics. Se trata de una mirada imaginativa al deporte, imaginando su nacimiento en la Edad de Piedra y culminando con James Naismith, el verdadero creador de la ahora famosa disciplina deportiva.
En estas páginas se puede ver la herencia gráfica y la influencia presente en sus pinturas, pero sobre todo se pueden ver sus lecturas, otra forma de estructurar una parte de su autobiografía. Leer es experimentar la vida de los demás y hacer suya parte de ella. Entre otras grandes figuras marcadas por él se encuentran Uderzo y la Escuela de Bruguera, encabezada por Francisco Ibáñez.
Por si todo esto fuera poco, aquí tenéis la guinda del pastel: un prólogo de Pau Gasol.