En una tienda de lámparas veo al vendedor y me pregunto cómo alguien llega a abrir una tienda de lámparas. Le pregunto si es el dueño: “Sí, durante cuarenta años”. Cuenta que su padre una vez montó la tienda y que intervino de vez en cuando, lo que se salió un poco de control. Ahora la tienda le pertenece. Le encanta, puedo ver el brillo en sus ojos. Me muestra la tienda y le pregunto: “¿Qué es lo que más te gusta de ella?” Se detiene y me mira con una sonrisa confiada: “Todo el mundo necesita luz”.
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