“Madonna of the Student Sorrow” no necesita una retórica grandiosa para sacudir el alma. María enseñó que el sufrimiento no siempre busca explicación, sino compañía. Frente a esta majestuosa escultura, me di cuenta de que la fe no es la ausencia del miedo, sino la confianza en él. … su.
La imagen te llama desde la entrada de la rectoría. Al fondo, en esa capilla universitaria, la puerta está abierta, solo preside el templo, y los devotos acuden a adorar a la Virgen. En este paseo lento, casi instintivo, el bullicio de las calles va desapareciendo poco a poco, como si el mundo entendiera que el silencio manda en el corazón.
Sobre un elegante retablo, que presenta una hornacina a modo de baldaquino, cumple su principal cometido: fijar la mirada en un cuerpo de agonía completamente desprovisto de cera. Todo está organizado y sin interrupciones, por lo que el encuentro es limpio, directo y casi íntimo.
Ubicada en lo alto de la iglesia, ocupa el lugar principal por su veneración a Nuestra Señora de Angostia. Paralelamente, el Cristo fallecido fue adorado ante el Altar de los Dolores de Astorga, muy cerca del lugar donde los hermanos acudieron a rezarle al finalizar el abarrotado servicio, en clara muestra de una hermandad muy activa.
Su culto se realiza con motivo de la fiesta de la Candelaria. El domingo, primer día de febrero, vendrá a la tierra para ser besada por los fieles, para encontrar a quienes la buscan por necesidad, por gratitud o por simple intuición, porque besar las manos es una adoración, un ritual, un intercambio de miradas milimétricas por parte de los fieles, un gesto de fe, de sencillez y de entrega a María.