Por la mañana, el Partido Popular tuvo que salir a defender su gestión de una denuncia interna por un concejal que había acosado al alcalde Móstoles. Apenas unas horas después, la Batalla de Aragón terminó como si nada hubiera pasado. Alberto Núñez Feijóo acompañó a Jorge Azcón en su último discurso antes de las elecciones del domingo, en el que reclamó “resultados contundentes” para que su partido ya no dependa de Vox para gobernar, como mostraban las encuestas, como ocurrió en Extremadura hace dos meses.
En su guerra con Vox, que ha ido ganando alcance a medida que avanzan las negociaciones en Extremadura, Feijiao aseguró que “no se puede” elegir Azcón y votar por otra opción que no sea el Partido Popular. “Quien prefiera Azcón entre Sánchez y Azcón, que vote a Azcón. No se queden en casa, no voten fragmentados, voten claro”, ha apelado, sin mencionar explícitamente a Vox. “Hay que actuar según el enfado, no detenerse. Si esto se traduce en un confinamiento, no tiene sentido votar cuando se está enfadado. El voto de aquellos que ya han tenido suficiente debe servir a la gobernanza, no detenerse, de lo contrario la decepción será aún mayor”.
Líderes del Partido Popular han expuesto el engaño de que la legalización de inmigrantes por parte del Gobierno se trata de “obtener votos mediante la expedición de documentos”, a pesar de que el sistema electoral no es así: para votar en las generales hay que tener la ciudadanía española, lo que exige diez años de residencia legal en España, pero hay algunas excepciones que acortan este tiempo. “Quieren despenalizar a todos los que entran ilegalmente a nuestro país (…) y eso no lo podemos permitir”, afirmó. Feijóo les dijo que podían “sentarse y relajarse” hasta 2024. Son personas que viven y trabajan en España.
En su discurso, volvió al mantra habitual del Partido Popular: se pagaron muchos impuestos, el Gobierno “dejó a España profundamente endeudada”, el absentismo y que el país “no coopera con el Partido Socialista Obrero”. “Hicimos una campaña limpia, somos gente honesta, no metemos las manos en el palco, los socialistas no podemos decir eso”, afirmó Feijó al final de la campaña, donde un diputado llamó “hijo de puta” al presidente del Gobierno y su partido utilizó su mayoría en el Senado para obligar a Paco Salazar a presentarse a tres días de las elecciones.
Previamente, Azcón dedicó gran parte de su discurso a retratar al PSOE como un partido que “utiliza a las mujeres como mercancía” y tachó de “mentirosa” a Pilar Alegría tras decirle que -según ella- había acusado a Paco Salazar de su “actitud” durante una cena con él en un restaurante de Madrid, algo que el exasesor de Moncloa desmintió. Cuando Alegría y Salazar cenaban, habían salido a la luz denuncias de varios compañeros de partido, y otros habían utilizado los canales internos de Ferraz para denunciar la conducta del alto cargo de Moncloa. Azcón también insistió en que los encuestadores contratados por Alegría para la campaña tenían vínculos con Salazar, aunque ese no era el caso. “No hay límites, todo es posible”, concluyó el presidente Aragón.
El último plato fuerte de las concentraciones del PP tras Feijóo fue el comportamiento del activista extremista Vito Quiles, que está a punto de perder temporalmente su título de congresista y recientemente participó en una polémica gira universitaria que desencadenó disturbios en varias ciudades. El Comité Asesor de Comunicaciones del Congreso de Estados Unidos aprobó un informe que encontró que Qualls violó las reglas dos veces al usar su teléfono celular para grabar en lugares no autorizados. El presidente aragonés y candidato a la reelección defendió así su presencia: “Lo que me sorprende del Partido Socialista es que el señor Zapatero, símbolo del socialismo, no participó en esta campaña, ni tampoco los presidentes de otras comunidades autónomas, como Asturias y Castilla-La Mancha, Adrián Barbón y Emiliano Page”.