NFP36FC65JK2BIQ2MWURUTX27M.jpg

En las movilizaciones en Caracas del 8 de marzo de este año, la agenda feminista se fusionó con la agenda nacional. La marcha, titulada “Unidas por la Democracia”, reunió a decenas de familiares de presos políticos, ex convictos, sindicalistas y estudiantes que exigieron espacio para las mujeres en la transición política que Venezuela ha estado experimentando desde que Nicolás Maduro fue capturado por Estados Unidos el 3 de enero. Aunque no son ruidosas, las consignas contra el gobierno en las calles son significativas en un país donde la expresión pública de la opinión ha sido detenida por el miedo después de la intensificación de la represión durante el último año y medio.

“Las mujeres no pueden ser excluidas de este proceso de transición”, afirmó Evelyn Pinto, coordinadora de la Alianza de Mujeres en Política y una de las organizadoras de las manifestaciones. “El 90 por ciento de los miembros del Consejo de Familiares de Presos Políticos son mujeres, por eso debemos ser parte de la transición. Se han vulnerado derechos a lo largo de los años. Exigimos salarios dignos y políticas de cuidado, que tantos ingresos generan en el mundo pero que aún no están cuantificados”, afirmó.

La actual situación política ha visto, por primera vez, una mujer como presidenta y otra mujer como líder de la oposición. Para Pinto, sin embargo, la interinidad de Delcy Rodríguez no representa una reivindicación del feminismo. “No permitirán que ninguna mujer se registre en las elecciones del 28 de julio. Nuestras tarjetas son todas de hombres porque bloquearon la postulación de María Corina Machado y Corina Uris (su primera opción para reemplazarla)”, comentó la activista. “Es en este contexto de incertidumbre y gravedad que vemos a mujeres al mando por un lado y a Machado por el otro. Pero esto sucede porque en las situaciones más difíciles siempre ponen a las mujeres al mando. Se llama ‘acantilado de cristal’ y en realidad no es una conquista”.

Según el último informe de la ONG Foro Penal, una de las consignas más coreadas es la libertad de las 56 mujeres que se encuentran entre los 526 presos políticos que aún se encuentran en prisión. En la marcha participaron mujeres que llevaban dos meses realizando vigilias frente a la prisión, exigiendo la liberación de sus hijos, maridos, padres y hermanos.

Entre la bandera y el estandarte hay Señor de los lorosRafael Araujo, activista que recorre Caracas con protestas escritas en cometas de papel. En su discurso del 8 de marzo, mencionó tres nombres que, según él, siguen siendo inolvidables: Omaira Navas, periodista y madre del ex preso político Ramón Centeno, quien murió una semana después de que su hijo fuera liberado; Laura Dogu, directora de Estados Unidos para Venezuela; y Samantha Hernández, una adolescente encarcelada por ser hermana de un soldado perseguido.

Al evento también asistió la líder de Voluntarios del Pueblo, Adriana Pichardo, quien había vivido en la clandestinidad y en el exilio con su madre. “Voy a volver a la calle sin garantías”, admitió. “Pero estamos atravesando un proceso sin precedentes; el ambiente es mejor, y la prueba de ello es que hoy podemos reunirnos pacíficamente. Estamos avanzando paso a paso. No necesitamos más heridos, presos ni muertos. María Collina Machado es la líder indiscutible y estamos listos para medirnos nuevamente”.

El movimiento sindical presente en la reunión convocó a nuevas protestas el 12 de marzo, cuando el salario mínimo no aumenta desde hace cuatro años. Los salarios permanecen congelados en 130 bolívares, equivalentes a menos de 0,25 centavos de dólar. “Las mujeres hacen su magia con un salario ínfimo y necesitan tres o cuatro empleos para sobrevivir”, denunció Argelia Castillo, de la Asociación de Técnicos Profesionales de la UCV, quien advirtió que al menos cuatro de sus colegas viven actualmente en la pobreza.

Referencia

About The Author