morante-U71774767713Iyg-1200x630@diario_abc.jpg

El día CLXXV (175) es posterior a ese punto y salvo Morant. El genio que se fue apenas tuvo tiempo de despedirse antes de regresar. Después de secar cuarenta mil retinas en Madrid, y sembrar flores tristes en las orillas del adiós, volvió, Transición para verte más tarde. “¿Quién nos devuelve estas lágrimas?” Los fanáticos preguntaron en el bar. Pasear con un vestido lujoso con el sello de Justo Algaba es suficiente para que te olvides de eso. Eso fue el 5 de abril. Este es el día de su resurrección en el domingo más hermoso del calendario, el domingo en el que la sangre que fluye por los brazos de Cristo desciende de la cruz y vuelve al fluir de la vida. Era la tarde número 175 tras la retirada más corta y trágica de la historia taurina reciente. Era domingo, y el dios toro terrenal descendió del árbol, aún cargando con su terrible experiencia (una enfermedad que no podía borrarse), mirando a los ojos del toro en el perdón de Verónica. Nunca habíamos visto un decorado así, tan impactante, con la capa en pie, monumental. La escultura de bronce que se encuentra delante de Gentil es un toro negro, de 529 kilogramos, con el número 76 en las patas y cuatro patas, como toda la corrida española, de las cuales tres salen victoriosas. Justo Hernández no estará en su finca en esta foto tomada por Morant. Otro ganadero, Borja Domecq, se llevó las manos a la cabeza, incrédulo ante la salvaje exhibición del genio de La Puebla. Un momento de silencio sacudió los cimientos de Baratillo. Donde Morant se fue, él regresó: sin reservas, nada más que uno mismo.

Referencia

About The Author