El gobierno de Isabel Díaz Ayuso decidió el año pasado cambiar el modelo educativo español y restaurar el llamado modelo EGB. El primero y segundo de la ESO se imparten en los colegios.
El sistema ha sido criticado por el gobierno de Pedro Sánchez porque no tiene marco legal, rompe la dinámica de los programas educativos y los niveles académico y primario están ambiental y espacialmente diferenciados.
En el debate sobre qué modelo es mejor, la ciencia ha hablado. Una nueva investigación realizada por la Fundación Europea para la Educación y la Educación muestra que la transición educativa de la escuela primaria a la secundaria aumenta el riesgo de abandono escolar.
Según el informe, las transiciones “inadecuadas” -cambios de centro, más profesores por asignatura y colapso organizativo- aumentan la probabilidad de repetición de curso, fracaso académico y abandono prematuro de la educación.
El salto coincide además con el inicio de la adolescencia, que “produce desorientación, inseguridad e insatisfacción con la escuela”.
Ante esta situación, el informe apoya otros sistemas sin rupturas formales entre etapas –como el sistema nórdico o los de estructura única–: muestran mejores resultados y menores tasas de abandono, especialmente entre el alumnado más desfavorecido.
El análisis concluyó que “la ausencia de pausas entre fases, la continuidad del plan de estudios y la persistencia de los estudiantes en un entorno escolar estable permiten que las transiciones sean fluidas y menos estresantes”, reduciendo así el impacto negativo de los cambios periódicos.
En este sentido, Énfasis explícito en el modelo Ceipso (agrupando en el centro de un mismo espacio infantil, primaria y ESO), vigente en Madrid y otras regiones, aunque con una base específica a lo largo de los años: una fórmula que favorece la “estabilidad emocional” y una comprensión más profunda del alumnado a lo largo de su escolarización.
Madrid y Murcia alineados
El reconocimiento científico llega después de que el modelo impulsado por Ayuso comenzara a extenderse a otras comunidades gobernadas por el PPP.
Murcia, presidida por Fernando López Miras, anunció el pasado mes de junio que también pondría en marcha este programa. Permitiría que los colegios impartieran primero y segundo de la ESO “cuando las instalaciones lo permitan”, animando a los menores a estar “en un entorno más protegido” hasta los 14 años, cuando “su proceso de maduración les hace todavía muy vulnerables y dependientes”.
Las medidas murcianas se han propuesto para el curso 2026-2027 y priorizarán los centros rurales y las zonas con mayor proporción de estudiantes desfavorecidos.
López-Milas argumentó que el objetivo es permitir que los niños “disfruten al máximo de su infancia” y evitar que un ingreso demasiado temprano al instituto sume estrés a un grupo de alumnos inmaduros.
Madrid es pionera en este modelo, ya que el año pasado contaba con 52 colegios autorizados, 49 de los cuales ya están operativos. Actualmente, según el propio Ministerio de Educación, 93 centros públicos de Madrid utilizan esta fórmula, o uno de cada ocho.
La expansión continúa: 20 escuelas han solicitado formalmente unirse en el año escolar 2026-2027.
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Lejos de ser una medida controvertida en las aulas, el modelo está siendo ampliamente utilizado. Amplias demandas de los propios padres..
Según la Consejería de Educación de Madrid, cerca de 300 colegios solicitaron información sobre el programa el año pasado, lo que ha generado una auténtica lista de espera para incorporarse.
consejero Emilio Veciana Se destacó una “buena acogida” y se argumentó que los alumnos se benefician de un entorno estable, tienen compañeros de por vida y no son incorporados repentinamente a la escuela secundaria hasta los 13 o 14 años.
Todos los expertos que firmaron el estudio están de acuerdo: un entorno estable, sin cambios de edificio ni interrupciones entre fases, permite “una mayor continuidad docente” y evita que los alumnos más vulnerables se queden atrás.
Transformación “repentina”
Aunque reconoció carencias de estos centros como la rotación del profesorado de secundaria, falta de supervisión específica y deficiencias infraestructurales puntuales. El departamento de Pilar Alegría fue preguntado sobre los argumentos en los que se sustenta el sistema.
El informe recuerda que España, aunque inclusiva hasta los 16 años, tiene una de las transiciones entre primaria y secundaria más “bruscas” de Europa.
A diferencia de países como Suecia, Finlandia o Portugal, carece de mecanismos de apoyo formal, coordinación entre docentes y continuidad curricular.
La comunidad autónoma afirmó que la normativa que regula los traslados es “dispersa y heterogénea” y no puede garantizar un traslado homogéneo de estudiantes.
Otros países europeos utilizan filtros o mecanismos de transición, como exámenes nacionales de competencia (como Italia), mientras que Alemania o Austria separan prematuramente a los estudiantes en diferentes itinerarios, lo que exacerba la desigualdad.
El Gobierno de Sánchez ha criticado desde el principio el modelo de la EGB madrileña, garantizando incluso que “no existe un marco legal” para la enseñanza de partes de la ESO en los colegios.
lucha politica
Pero la realidad territorial avanza en sentido contrario: las comunidades del PP están ampliando su apuesta por modelos híbridos que suavicen los saltos entre etapas educativas.
El informe Sociedad y Educación confirma que la transición actual entre la escuela primaria y la secundaria tiene impactos negativos mensurables, y que un modelo en el que los alumnos permanecen en la misma escuela hasta los 14 años puede reducir el fracaso académico.
Éste es exactamente el argumento que la Comunidad de Madrid lleva dos años esgrimiendo: dar estabilidad a los estudiantes.continuidad docente y un ambiente emocionalmente seguro hasta completar la adolescencia temprana.