Gracias al Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá, México actualmente está evitando nuevas granadas arancelarias de Estados Unidos. Los aranceles globales del 10% impuestos por el presidente Donald Trump entraron en vigor el martes después de que la Corte Suprema derrotara su muro comercial. Para México y Canadá, sin embargo, su impacto será mínimo porque sólo se aplican a bienes que no cumplen con los requisitos del acuerdo comercial. Pero la concesión no fue completa. México todavía debe pagar aranceles sectoriales sobre automóviles, autopartes, cobre, madera, aluminio, acero y otros bienes. Además, según la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, los nuevos aranceles tendrán una vigencia máxima de 150 días, período que extiende la incertidumbre sobre los aranceles desatada desde que el Partido Republicano asumió la Casa Blanca.
Ante esta incierta situación comercial, México se ha refugiado en el T-MEC -el 86% de sus exportaciones cumplen con el acuerdo-, que se someterá a la revisión más rigurosa el próximo mes de julio. Desde las primeras señales proteccionistas de Trump, la posición del gobierno mexicano ha sido defender el tratado y la integración comercial norteamericana. Bajo esta protección, México prosperó como un socio importante de Estados Unidos. En 2025, las exportaciones del país latinoamericano a su vecino del norte alcanzaron un récord, superando los 534.800 millones de dólares. En comparación, Estados Unidos envió mercancías por valor de 337,960 millones de dólares al territorio mexicano.
Los expertos coinciden en que la naturaleza impredecible de Trump mantendrá a México alerta. El panorama también es incierto porque los nuevos aranceles deben ser aprobados por la Cámara y el Senado dentro de 150 días o serán eliminados, abriendo la puerta para que el presidente utilice otros departamentos para imponer nuevos impuestos. La Sección 122 permite al Presidente de los Estados Unidos imponer nuevos aranceles a cada país por hasta 150 días para abordar déficits graves de balanza de pagos y problemas básicos de balanza de pagos. De todos modos, el anuncio a favor de México es una buena señal. La guerra arancelaria y comercial ha vuelto a estallar.
Ignacio Martínez, coordinador del Laboratorio de Negocios, Economía y Comercio de la Universidad Nacional Autónoma de México, advirtió que la Casa Blanca cuenta con un amplio marco legal para impulsar el crecimiento económico de Estados Unidos y promover el mercado interno a través de medidas fiscales y la adopción de barreras arancelarias, y de esta manera, puede adoptar políticas comerciales proteccionistas que causarán graves daños a la economía mundial y al comercio internacional. “A través de sus políticas económicas, Trump está diseñando una política comercial en línea con la estrategia de seguridad nacional”, dijo.
En esta sala de juntas llena de incertidumbre y agitación, los expertos coincidieron en que definir el futuro del T-MEC es fundamental. De cara a una revisión integral el próximo julio, todo apunta a que México está mejor posicionado para cumplir su objetivo de finalizar la revista en 2026, incluso si eso significa incorporar un apéndice sobre temas clave como las reglas de origen. “El peor escenario ya no es necesariamente la terminación anticipada (TMEC), como se pensaba a principios de este año antes de toda la controversia”, reflexionó Cynthia Valeriano, profesora de economía del Instituto Tecnológico de Monterrey. “Ahora nuestro peor escenario es la decisión de ampliar la revisión unos meses más o ajustarla a un período más corto”, añadió el experto. Según los términos del tratado, se realiza una revisión cada seis años.
El académico destacó que mientras Estados Unidos se prepara para elegir un nuevo Congreso a finales de año, el clima político en Estados Unidos llevará a Trump a mantener el acuerdo comercial, que cuenta con el apoyo de la comunidad empresarial estadounidense. El precio y el acceso a los productos se han convertido en una batalla política delicada para los republicanos, especialmente en los sectores manufactureros intermedios que han perdido competitividad ante los costos más altos.
Asimismo, el ministro de Economía, Marcelo Ebrard, anunció que viajará esta semana a Washington para continuar las negociaciones en temas comerciales con sus pares estadounidenses. También forma parte de la estrategia diplomática moderada del país, guiada por la política “tranquila” del presidente Shinbaum.
Aunque la asimetría en la mesa de negociaciones favorece a Estados Unidos, México aún conserva la ventana que representa el T-MEC para expresar sus puntos de vista sobre temas sensibles como los aranceles al acero o al aluminio. “Los moderados son muy favorables a México. Intentan llevar a cabo negociaciones fluidas con una postura lo más neutral posible. Por supuesto, bajo presión electoral, el país líder en este proceso se concentrará más en resolver sus problemas internos, incluidos los legales”, concluyó el experto.