1503941083_20251210190618-U76685587385NHP-1024x512@diario_abc.JPG

El hecho de que María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, no pudiera recibir su premio en la ceremonia de Oslo como de costumbre, pero que su hija tuviera que asistir, demuestra cuán libre Fueron secuestrados en Venezuela por la notoria dictadura de Nicolás Maduro y todos sus asociados internacionales. Que la Premio Nobel de la Paz se viera obligada a exiliarse en su propio país, perseguida, asediada, con su libertad e incluso su propia vida en peligro, es un retrato certero y doloroso de lo que vive un país, donde faltan los más mínimos estándares democráticos y un sistema fallido y consumado como el chavismo, que puede estar en sus momentos finales, se resiste a caer.

Machado pudo dar un relato en primera persona de la criminalización sistemática y el uso autoritario de la fuerza por parte del régimen de Caracas contra la oposición, y se convirtió en una heroína de la justicia a los ojos del mundo en su lucha por los derechos de sus conciudadanos. Vale recordar que desde hace más de un año la política opositora al fraudulento gobierno de Maduro vive en el limbo, escondida y secuestrada en su propio país, un territorio donde no se respetan los derechos de quienes se atreven a plantear hasta el más mínimo reparo a la burocracia. Machado, quien lideró la defensa de la libertad junto al candidato electoral Edmundo González, demostró audazmente que el partido gobernante había manipulado los resultados electorales. En un recuento paralelo logró mostrar al mundo el inaceptable fracaso del chavismo en el 80% de los minutos. Machado arriesgó su vida para convertirse en el rostro y defensor de aquellas valientes protestas ciudadanas exigiendo justicia en las calles de todo el país que fueron brutalmente reprimidas en una campaña sistemática de violencia contra los ciudadanos que resultó en la detención de más de mil personas y la tortura, violación y exilio de cientos.

Otorgarle el Premio Nobel representa el reconocimiento de la gloriosa posición de los luchadores por la libertad en el mundo, el líder de un movimiento de millones que, a pesar de sufrir el doloroso azote de una dictadura, no desesperaron de su misión de restaurar la democracia. Una de las victorias de Machado y su pueblo incluye inclinar la balanza en la región y empujar la posición de Washington contra el régimen de Maduro, una operación contra el grupo narcoterrorista que actualmente lo asfixia diplomática y militarmente y que podría provocar su caída total.

Sin Machado y sus incansables esfuerzos no se entendería el nuevo panorama internacional. Sin embargo, es difícil entender cómo el gobierno ilegítimo de Caracas sigue teniendo los cómplices necesarios, muchos de los cuales son izquierdistas europeos. Cuando se entregó el Premio Nobel, vimos cómo muchos líderes de extrema izquierda españoles la calificaron de golpista, una recriminación trágica y una confusión interesada entre víctimas y perpetradores. También hemos visto a algunas figuras de la nueva izquierda española comportarse de manera condescendiente cuando no apoyan directamente al heredero de Chávez. No debemos olvidar que Rodríguez Zapatero fue uno de los principales defensores de debilitar la dictadura de Chávez, negociar y neutralizar políticamente la salida de Edmundo González y brindar apoyo diplomático, si no blanqueamiento, al gobierno venezolano, una táctica que hoy avergüenza a nuestro país más que nunca.

Referencia

About The Author