Los Pirineos están cambiando, con progresivas transformaciones alterando el comportamiento de algunos de sus fenómenos naturales más característicos. De ellos, las avalanchas son un ejemplo particularmente revelador porque ahora son más pequeñas pero también más frecuentes.
Así lo refleja un estudio publicado … La revista analiza en la revista Ciencia y Tecnología Región Fría la evolución de estos acontecimientos en el Valle de Canfranc a lo largo de más de un siglo. El estudio proporciona nuevos conocimientos sobre la dinámica de las avalanchas en los Pirineos, centrándose en cómo las condiciones climáticas influyen en la frecuencia, el tamaño y la distribución de las avalanchas.
El trabajo fue elaborado por cinco investigadores de instituciones como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Instituto de Ecología del Pirineo y la Universidad Nacional Autónoma de México. Combinaron información histórica con métodos científicos avanzados como la dendrocronología (el estudio de los anillos de los árboles), el análisis topográfico del paisaje y datos climáticos para analizar 57 eventos de avalanchas registrados entre 1910 y 2014.
Uno de los ejes centrales del estudio es el impacto de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), un patrón de cambio climático que afecta a Europa Occidental. Este fenómeno afecta a las precipitaciones y temperaturas en los Pirineos, afectando directamente a la formación y estabilidad de la capa de nieve. Mediante este enfoque, los investigadores han podido establecer vínculos entre las condiciones climáticas y la actividad de avalanchas.
Los resultados muestran una evolución significativa en el tiempo. En la segunda mitad del siglo XX se hicieron más frecuentes los grandes aludes, algunos de los cuales alcanzaron el fondo del valle. Sin embargo, en las últimas décadas se ha observado una tendencia hacia fenómenos más pequeños y más frecuentes, que ocurren principalmente en altitudes elevadas.
Este cambio no significa necesariamente una reducción de la actividad, sino una transformación de su naturaleza. Las avalanchas actuales tienden a ocurrir con mayor frecuencia, pero en áreas más específicas y en un alcance más corto. Esto sugiere que los procesos científicos de la nieve deben reorganizarse para hacer frente a entornos climáticos más variables.
mayor inestabilidad
Juan Antonio Ballesteros, uno de los autores del estudio, señaló que esta tendencia está relacionada con un manto de nieve más inestable. Las fluctuaciones de temperatura, especialmente a finales del invierno, crean condiciones propicias para el deslizamiento entre las capas de nieve. Como resultado, están aumentando los incidentes de menor escala que antes eran menos comunes.
El estudio forma parte del proyecto europeo Pyrenees4clima, coordinado por el Observatorio del Cambio Climático de los Pirineos, que reúne siete regiones de la cordillera -Andorra, Aragón, Cataluña, Bascadia, Navarra, Novo-Aquitania y Occitania- para analizar los efectos del cambio climático en los ecosistemas de montaña. Por tanto, este estudio no sólo aporta datos históricos, sino que también proporciona una herramienta útil para la gestión futura de la región, ya que comprender cómo evolucionan los aludes permite mejorar la planificación de las infraestructuras, optimizar los sistemas de prevención y adaptar las actividades humanas a las nuevas condiciones.
avalancha húmeda
Otro punto destacado del estudio es el cambio en los tipos de avalanchas. En particular, han aumentado los llamados aludes húmedos, en los que la nieve contiene más agua. Estos fenómenos están asociados con temperaturas más altas y cambios climáticos más importantes, y tienen características diferentes a las tradicionales avalanchas secas.
Juan Terrádez, director del proyecto OPCC, explicó que el cambio climático afecta no sólo la cantidad de nieve, sino también su estructura interna. “Dependiendo de cómo se formen las distintas capas de nieve, puede haber mayor o menor estabilidad”, anotó. En este sentido, una combinación de factores naturales y humanos está provocando condiciones más diversas a lo largo del invierno.
A pesar de los avances, los expertos coinciden en que los datos existentes todavía tienen limitaciones. En muchas regiones alpinas, los instrumentos son escasos y las series temporales relativamente cortas, lo que dificulta sacar conclusiones claras desde una perspectiva estadística. Sin embargo, la tendencia general indica una mayor variabilidad en la dinámica de las avalanchas.
Medidas de mitigación
Al mismo tiempo, el estudio destaca las medidas de mitigación implementadas desde principios del siglo XX. Las políticas de reforestación y la construcción de infraestructuras de protección como presas o redes pueden ayudar a reducir la intensidad de las avalanchas y estabilizar algunas laderas. Estas intervenciones han demostrado ser efectivas en el largo plazo y son parte de estrategias de adaptación al cambio climático.
En el marco del proyecto Pyrenées4clima, otras entidades como Météo-France están trabajando para mejorar la base de datos sobre la capa de nieve. Sus acciones incluyen la recopilación de datos sobre la profundidad de la nieve y la actualización de modelos climáticos para que se pueda predecir la evolución de la capa de nieve en las próximas décadas.
Asimismo, el Grupo Europeo de Cooperación Territorial Pirineos-Pirineos juega un papel clave en la gestión de la seguridad de pasos transfronterizos como El Portale o el túnel Bielsa-Aranue. La entidad destaca la importancia de compartir información entre diferentes actores, desde servicios meteorológicos hasta gestores de infraestructuras, estaciones de esquí o equipos de rescate.
Santiago Fábregas, miembro de la AECT, destacó la necesidad de analizar cada alud en detalle para determinar sus causas y consecuencias. Este enfoque equivale a una “autopsia” del fenómeno, lo que nos permite extraer lecciones útiles para mejorar la prevención y la respuesta ante eventos futuros.
En definitiva, este estudio ofrece una perspectiva matizada sobre la evolución de los aludes en los Pirineos. Lejos de desaparecer, estos fenómenos se están adaptando a las condiciones climáticas cambiantes, alterando su frecuencia, escala y comportamiento. Esta nueva situación trae desafíos, pero también oportunidades. Una combinación de conocimiento científico, cooperación institucional y prácticas de gestión adecuadas puede lograr una coexistencia más equilibrada con los entornos montañosos.