Las medidas adoptadas el 3 de enero fueron cruciales. Es a la vez decisivo e irreversible. El régimen ha sido liquidado. Lo que vemos más tarde no son signos de su supervivencia, sino los estertores de una estructura moribunda. Sí, se mueven, pero no porque tengan futuro, sino porque la muerte política también provoca convulsiones. Confundir estas reflexiones con la fuerza es un error de juicio histórico.
El presidente Donald Trump ha hecho su trabajo. Enfrentó el narcotráfico y frenó amenazas reales relacionadas con el terrorismo. El núcleo fue la decapitación de los mafiosos que apoyaban al régimen. Éste es el meollo del asunto. En cualquier confrontación de esta escala, los efectos secundarios en la estrategia de combate son inevitables, pero no pueden ni deben oscurecer el hecho impactante de que el centro de gravedad de la estructura criminal fue golpeado.
El “accesorio” de esta tiranía no es que sus piernas sean cortas, sino que simplemente no tienen las extremidades para llegar muy lejos. ¿Cómo puede sostenerse un artículo retorcido si el artículo en sí no tiene credibilidad? Diosdado, Padrino y otros desconfían unos de otros; se temen unos a otros y se espían unos a otros, sabiendo que pueden ser traicionados en cualquier momento. No son más que piezas de ajedrez movidas con mano maquiavélica en preparación para el jaque mate final. Es obvio: no tienen peones, no tienen rey, no tienen reina, aunque intenten vestirse de seda.
Estas preguntas surgen de forma natural. ¿Quién sale a luchar por el dictador depuesto? ¿Dónde están sus generales “leales”? ¿Por qué no se desplegaron las tan anunciadas milicias? ¿Cómo explicar este inquietante silencio de quienes dicen ser grandes aliados (rusos, iraníes, castristas)? Este abandono es a la vez elocuente y claro.
Hoy es necesario reiterar una filosofía que no permite atajos: la paciencia estratégica. No se trata de estancamiento o resignación, sino de avanzar con sabiduría y determinación hacia nuestro objetivo más elevado: la liberación total de Venezuela. Lo inevitable sucederá eventualmente. Incluso cuando las noches nos parecen largas, sale el sol.
María Collina Machado y Edmundo González están vivos y libres. Tienen legitimidad, fuerza moral y un apoyo abrumador dentro y fuera del país. El nombre y apellido legalmente transitado es: Edmundo González. Su patrimonio debe ser protegido de cualquier intento de saqueo. Cuando esta transición requiera elecciones libres, María Corina Machado las ganará con resultados sin precedentes.
Quizás lo más exasperante hoy sea el espíritu del libertador Simón Bolívar, que ha sido profanado una y otra vez con citas indecentes y manipulaciones grotescas. Pero los venezolanos no podemos permitir que nos quiten el trofeo que merecemos -porque la verdad es que los dictadores no están por encima del poder usurpado-, ni nuestra esperanza, ni nuestra fe, y mucho menos la energía necesaria para poner fin a esta epopeya. ¿O hemos olvidado todo lo que hemos logrado, las cosas que parecían imposibles?
Pese a lo anterior, tenemos la obligación de no perder el foco. Bajo el liderazgo de María Collina Machado y Edmundo González, hay cohesión y unidad real en torno a objetivos claros. La historia no premia la dispersión ni la ingenuidad.
Por cierto, vale la pena recordar: ¿quién dijo que esta epopeya sería fácil?