Algunas tradiciones no se publican. Se repiten. Son genéticos. Y, sin hacer ruido, definen en definitiva un estilo de vida. Para Cayetana de Alba la Semana Santa de Sevilla es eso: una rutina íntima convertida en ritual.
doce años después … Después de su muerte, su imagen siguió proyectándose mucho más allá de la memoria institucional. Sigue ahí en los pequeños gestos, en las costumbres que no se explican sino que se conservan. Y lo más importante, en la mesa del Palacio de las Dueñas.
Porque si algo marcó la época fue una forma de comer muy concreta: sencilla, intensamente andaluza y fiel a una idea clara de tradición.
Lo que comió (y no comió) la duquesa
Lejos de ser excesiva, la dieta de Cayetana sigue una lógica muy clara. Producto, temporada y origen. Nada más. O nada en absoluto.
Eva Celada, autora de “Recetas de la Casa de Alba”, es la mejor persona para documentar este mundo familiar. En una entrevista al diario cordobés lo resumió en una frase que explica más de lo que parece: “La duquesa dirige la orquesta, pero no toca el violín”.
No cociné, pero lo decidí. Él va a lo seguro. Arroces, verduras, pescados (siempre salvajes) y mariscos forman la base de su alimentación, especialmente en días como la Semana Santa. “Cayetana comía mucho arroz, guarniciones de verduras, muy poca carne (sobre todo en Semana Santa), pescados y mariscos salvajes que nunca fueron criados”, detalla Serrada.
Apenas hay sitio para las judías, sólo las lentejas, pero, por otro lado, no faltan los dulces. Allí no hay concesiones.
Viernes Santo en Dunias: mesa abierta
Si hay una escena que resume la forma en que la entiendes ahora, es la comida del Viernes Santo. No existe un protocolo estricto, pero sí reglas claras.
A las dos de la tarde, el Palacio de las Dueñas se convierte en el punto de encuentro. Familia, amigos y círculo cercano repiten año tras año. En una misma mesa conviven arroz y pescado, y las torrijas marcan el final inevitable.
Pero la tradición no se queda en casa. Cayetana también hace de su casa una puerta de entrada para quienes vienen de otros lugares a asistir a la Semana Santa. El tipo encontró allí comida preparada: tortillas de patatas, frituras, tocino. Un gesto sostenido, no mostrado.
Entonces, dulce. Siempre la dulce. Pestiños, tocino de cielo, torrijas. Sin excepción.
(GTRES)
Sabor y origen de serie
Una cosa tiene clara la duquesa: fuera de Andalucía no todo sabe igual. Esta creencia marcó su forma de entender la cocina.
“La tortilla de patatas es un misterio para mí, por qué en Andalucía sabe mejor”, explica irónicamente Eva Celada. Más allá de la anécdota, la idea es otra: el producto es importante, pero también lo es el origen.
Esta raíz se extiende más allá de la comida. Forma parte del mismo universo que la Semana Santa de Sevilla –y especialmente la Hermandad Gitana. Tradición, pertenencia y continuidad.