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En la ciudad de Nezahualcóyotl, azotada por la sequía, nació un equipo inigualable, un club lleno de rebeldes y 1.000 demonios en su apogeo. Ese es el club Toros Neza. Estaban vestidos de rojo, como las manchas de sangre que dejaban en las piernas de sus oponentes o en los nudillos de los jugadores que marcaron toda una década del fútbol mexicano. Son conocidos por saber sólo tres cosas: ganar, perder y luchar.

La plataforma ViX estrenó recientemente la serie documental toro nezhaLa obra de cinco episodios sigue el nacimiento, el éxtasis y la caída del club. El club fue fundado en 1991 con inversión del empresario Juan Antonio Hernández, propietario de la financiera Autofin. La aventura deportiva comenzó en segunda división hasta 1993 cuando ascendió a primera división. Los Toros se instalaron en el Estadio Neza 86, que fue sede del Mundial. Este gran evento mundial contrasta fuertemente con las calles sin pavimentar y la marginalidad del Lago de Texcoco. “Todos somos personas que luchan y tenemos muchos defectos al crecer”, dijo un fanático apodado “Neza Boy”. El equipo se convirtió en una fusión de vecinos del barrio que veían el campo de fútbol como un refugio ante un entorno hostil.

Jugadores icónicos del fútbol como el portero Pablo Larios, Miguel piojo Herrera, Federico Rosenhoff o el ídolo Antonio Turquía Mohamed. Como admiten en la serie, todos estos hombres tienen una cosa en común: la violencia es un acto de rebelión, una forma de oponerse a un sistema de fútbol mexicano dominado por otros clubes con mayor tradición y presupuesto. Lo que más atrajo a todos los vecinos del barrio Reneza fue la confianza de aquellos jugadores, que salían a golpear y barrer, apuntando más al tobillo que a la pelota, y lastimando con alfileres a sus oponentes. “Valió la pena para nosotros”, admitió Herrera.

El documental, escrito por Santiago Fábregas, Rodrigo Márquez Tissano y Sebastián Cohan Esquinazi, describe otro momento vergonzoso en el fútbol mexicano, cuando los jugadores de Toros Nezha se enzarzaron en una acalorada pelea con Jamaica en un partido amistoso arbitrado por un silbador aficionado. Todo acaba con puñetazos, patadas, derribos y unas cuantas piedras como armas.

Además, su locura también pasa por la estética: pelos teñidos de rubio y rojo, máscaras de personajes de ficción y de algunos políticos mexicanos, o gorras del Norte. Hay más preparación y estrategia involucrada en las celebraciones que las tácticas impuestas por entrenadores como Carlos Reynoso, Alberto Guerra o Enrique Mesa. Fuera del campo, los jugadores eran asiduos a las tiendas de garnacha, como la del tío Jesse, aunque los medios informaron más sobre el comportamiento de borrachos de los jugadores. Uno de ellos, Needleson Silva de Mello, admitió sufrir alcoholismo y fue despedido antes de jugar la final. “Este equipo estaba casi loco”, describió Mesa. La estrella del equipo Mohamed será multada con 1.000 pesos por cada gramo que gane de peso.

El documental recurre a todos los archivos disponibles de la época (principalmente de Televisa) para recrear la euforia de los Bulls. Las entrevistas desenfrenadas con jugadores clave añaden un aura bien merecida a este episodio favorito de los fanáticos. Su popularidad fue tanta que el entonces presidente Ernesto Zedillo invitó al equipo Toros Neza a Los Pinos, la entonces residencia presidencial, aunque el club nunca ganó el campeonato. Sólo el ganador recibe elogios presidenciales, hasta que la locura de Neza conmociona al PRI.

La anárquica operación de Toros Neza llegó a semifinales y final del Campeonato Mexicano. El Campeonato 1996-97 fue la mejor oportunidad que tenía el club de lograr esta hazaña. Empataron 1-1 en el partido de ida contra Chivas, pero todo se les fue de las manos en el partido de vuelta cuando Neza perdió 1-6 (7-2 en el global) y anotó seis goles en 45 minutos. “Perdimos la voz, nuestra reputación nos pasó factura”, admitió Jesús López Menezes, una de las caras de la selección mexicana.

Después de aquella final, el club empezó a ir cuesta abajo, e incluso se intentó reavivar la ilusión fichando al campeón del mundo, el brasileño Bebeto, pero cayó al abismo de la segunda división y nunca regresó. El club desapareció en 2002. Más tarde hubo intentos de revivir el equipo, aunque sin las raíces de los noventa ni el encanto diabólico. Ver una camiseta de Toros Neza ahora es como adorar a esas bandas de hard rock que, a pesar de lo mucho que pusieron, no duraron mucho.

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