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Santa Marta, Colombia, es la sede de la primera conferencia internacional sobre el abandono de los combustibles fósiles. Se reunieron representantes de más de 50 países y llegaron a un consenso claro: hay que abandonar el gas, el petróleo y el carbón. La cuestión es cómo hacerlo. La elección de la ciudad en sí refleja la inconsistencia que rodea la discusión en Colombia. Así lo reconoció Irene Vélez, ministra responsable de Medio Ambiente, en la apertura del panel de alto nivel de este martes. Santa Marta, señaló, refleja “las contradicciones de nuestro tiempo”. La costa más alta del mundo alberga los principales puertos de exportación de carbón de Estados Unidos, y Port Drummond y Newport “exportan aproximadamente 800 millones de toneladas de minerales al año”. Vélez dijo que eran contradictorios, lo que le hizo “comprender que la pérdida de fósiles era inevitable”.

La conferencia, que concluyó el miércoles con la participación de 500 académicos, 100 grupos sindicales, 40 parlamentarios, 10 representantes de gobiernos locales, 56 países y casi 1.500 figuras de la sociedad civil, es paralela al proceso climático respaldado por la ONU y pretende desafiar parte de su lógica. “Esta reunión la tuvimos durante la COP30 con Países Bajos y Colombia se opuso”, recordó el presidente del país sudamericano, Gustavo Petro, ante el pleno. Se refería a las objeciones expresadas por la delegación colombiana a la declaración aprobada por Brasil en 2025 porque no menciona una hoja de ruta para la transición energética global. El informe que salga de la reunión será exactamente lo que se utilizará como insumo para empezar a construirlo.

Más allá de esto, Santa Marta puede entenderse como el último suspiro del gobierno de izquierda para presentarse como líder internacional en la transición energética, palabras que han estado en la agenda de Petro desde que se postuló para presidente. Pero poco más de tres meses después de dejar el cargo, los números revelan las dificultades que enfrenta. Por ejemplo, un análisis del Observatorio Latinoamericano de Energía Así va la Energía señaló que si bien Colombia tiene “planes destinados a reducir su dependencia de la energía fósil, esto va acompañado de decisiones para asegurar la continuidad de sus operaciones”.

Algunos datos del mismo portal lo respaldan: entre 2024 y 2025, el valor de las exportaciones de combustibles fósiles cayó un 17,9%, principalmente por los menores precios del petróleo y el carbón. Sin embargo, durante el mismo período, el monto de los subsidios a la producción y el consumo de combustibles fósiles siguió aumentando. En 2024, la carga tributaria de los primeros representó el 0,1% del PIB, mientras que la carga tributaria de los segundos aumentó un 2,17%.

Con el paso del tiempo, el gobierno de Santa Marta intentó dejar algunas semillas para esta transición, al menos en el papel. Al comienzo de la conferencia, la Universidad de Leeds presentó un estudio de caso que describe la hoja de ruta del país para eliminar gradualmente los combustibles fósiles. Colombia invierte entre 10.000 y 14.100 millones de dólares anuales en descarbonizar el suministro de energía y el transporte por carretera (equivalentes al 2,4% y 3,4% del PIB del país en 2024), lo que se espera que reduzca la demanda primaria de energía fósil en un 90%. Con paciencia, los resultados económicos se harán sentir: el documento estima un ahorro de 280 mil millones de dólares entre 2026 y 2050.

Otras añadas de Colombia

Durante la Asamblea General del primer día de la conferencia, los colombianos expusieron los desafíos que enfrentará el próximo presidente. El joven dirigente Yuvelis Morales Blanco recibió recientemente el Premio Goldman Sachs por sus actividades anticorrupción fracturación hidráulica Dirigiéndose al grupo de alto nivel, pidió un instrumento vinculante para lograr una transición equitativa, territorial y comunal. “Queremos solidificar un tratado que deje atrás los combustibles fósiles”.

Oswaldo Muca Castizo, Coordinador General de la Organización de Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (OPIAC) y uno de los dos portavoces de los pueblos indígenas en todo el mundo, habló sobre su misión, reiterada en múltiples COP y cumbres de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA): “Insistimos en declarar una zona libre de extractivismo, no sólo de combustibles fósiles sino también de minerales”, dijo. La cuestión se ha planteado como un tema importante en reuniones anteriores de pueblos indígenas del Amazonas: la urgencia de instalar más energía renovable no se produce a expensas de la eliminación de minerales críticos de la selva.

Aunque, como dijo el ministro Vélez, Colombia ha declarado la Amazonía y la Sierra Nevada de Santa Marta “reservas de recursos naturales renovables para evitar la expansión de las fronteras de extracción allí”, la presión persiste. El observatorio de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) advierte que se desarrollan actividades petroleras en 30 municipios del bioma amazónico, abarcando una superficie de 2.781.354 hectáreas. “El 78,2% se encuentra en etapa de exploración, el 8,4% en etapa de producción y el 13,4% en etapa de contrato de evaluación técnica”.

El momento político y las guerras en Oriente Medio dieron a la conferencia una cierta validez, pero también un piloto: se celebrará en Tuvalu el año que viene. “Dada la escalada en Medio Oriente, un hecho inquietante se ha hecho evidente: los combustibles fósiles no sólo están exacerbando la crisis climática sino que también exacerban la desigualdad y el conflicto global”, dijo Vélez, citando la guerra en Ucrania, el bloqueo cubano y la situación en Venezuela.

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