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La Guardia Nacional descubrió una organización criminal con sede en la provincia de Castellón especializada en la trata de personas con fines de explotación laboral. El Ministerio del Interior dijo en un comunicado que los agentes detuvieron a siete personas y liberaron a 80 “migrantes en situaciones de extrema vulnerabilidad que viven en la pobreza en zonas superpobladas, en muchos casos sin agua ni electricidad”. Los 77 hombres y tres mujeres, de edades comprendidas entre 20 y 35 años, fueron obligados a trabajar más de 12 horas al día.

En un operativo llevado a cabo por la Policía Judicial de los Legionarios fueron detenidas siete personas, a las que les responsabilizaban de todo el proceso de explotación laboral, desde su reclutamiento en el extranjero con falsas condiciones laborales y buenas condiciones laborales hasta su explotación en el sector agrícola español, llegando a la “semiesclavitud”.

Las víctimas son en su mayoría hombres económicamente desfavorecidos, principalmente nepalíes, paquistaníes, senegaleses o árabes. Según el Cuerpo, fueron reclutados en sus países de origen difundiendo ofertas de trabajo falsas a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería y contactos personales. Se les prometieron condiciones laborales atractivas en España, incluidos salarios, alojamiento y comida dignos.

La investigación permitió identificar a los principales beneficiarios de la trama, una pareja de origen paquistaní que eran propietarios del principal asentamiento de Nures, donde las víctimas estaban alojadas en hasta cuatro casas diferentes. El grupo opera principalmente en las zonas de Plana Baixa y L’Alt Palancia de Castellón, pero también en las zonas de Camp de Morvedre, Camp de Turia y L’Horta Nord de Valencia.

Una vez que aceptan la oferta, las víctimas son trasladadas a España -a veces mediante viajes organizados por la propia red criminal-, generando una deuda que luego se utiliza como mecanismo de control y coerción. A su llegada, fueron colocados en hogares extremadamente hacinados, sin condiciones de vida e incluso sin suministros básicos como agua y electricidad.

Las víctimas se ven obligadas a trabajar en condiciones muy inestables durante largos períodos de tiempo en los campos, principalmente en la cosecha agrícola, hasta 12 o 13 horas al día con poco o ningún descanso. La remuneración es inexistente o sólo nominal, ya que del llamado salario se deducen los gastos de alojamiento, transporte o manutención. Estas personas carecen de contrato laboral y de cualquier documentación que pueda normalizar su situación, lo que aumenta su vulnerabilidad y el control que la red tiene sobre ellas. La Guardia Nacional destacó que este control se ejercía mediante amenazas, coacciones e incluso agresiones, lo que creaba un clima de miedo constante y dificultaba cualquier intento de fuga.

Operación Balarama

La investigación, llevada a cabo durante varios meses por la Policía Judicial de la Guardia Nacional de Castellón en coordinación con la Fiscalía Adjunta de Trata de Personas de la Fiscalía Provincial y con el apoyo de la Inspección Provincial de Trabajo y Seguridad Social, ha permitido destapar una red que somete a las víctimas a condiciones laborales y de vida cercanas a la esclavitud.

La organización funciona de forma jerárquica: algunos miembros se encargan de reclutar a las víctimas en sus países de origen, otros se encargan del traslado y el alojamiento, mientras que un tercer grupo controla la explotación laboral y recauda los beneficios obtenidos.

También se encontró que se utilizaban estructuras corporativas y legales para dar legitimidad a partes de la actividad y beneficiarse del impago de salarios y la evasión de obligaciones de seguridad social.

Durante la operación, la policía realizó cinco registros domiciliarios, detuvo a siete personas y liberó a 80 víctimas, entre ellas 77 hombres y tres mujeres, de edades comprendidas entre 20 y 35 años. Se han presentado diligencias ante las autoridades judiciales competentes, que han ordenado el ingreso en prisión de dos de los siete detenidos. La operación se lleva a cabo en colaboración con diferentes organizaciones, entidades sociales y sanitarias como Cruz Roja, Cáritas o bancos de alimentos, velando por la atención y protección de las víctimas.

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