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Tras semanas de especulaciones, este lunes se hicieron oficiales las jubilaciones y dimisiones de 10 jueces del pleno del Tribunal Supremo. Sus puestos serán ocupados por sustitutos mientras la Asamblea Nacional, dominada por los chavistas, ha iniciado el proceso legislativo para nombrar nuevos magistrados del máximo tribunal del país.

El caso continuará ante la Corte Suprema, actualmente presidida por Caryslia Rodríguez, quien también es presidenta del Colegio Electoral. El presidente confirmó la victoria de Nicolás Maduro en medio de una represión de las protestas en medio de signos de fraude en las elecciones de 2024.

Reemplazar a tantos magistrados al mismo tiempo pretende eliminar la influencia de Nicolás Maduro y su esposa Celia Flores en los tribunales y el poder público local. El anuncio es parte de una política de renovación institucional que está implementando la administración de la presidenta interina Delcy Rodríguez luego del ataque militar estadounidense del 3 de enero que condujo a los arrestos de Maduro y Flores.

Tras el retiro del Primer Vicepresidente del TSJ, Edgar Gavidia, familiar de Celia Flores, será relevado de sus funciones y reemplazado por Elías Bittar hasta que se designe al titular. También salieron Luis Damiani y Maikel Moreno, amigos de Flores y expresidentes del TSJ, así como Henri Timaure, Carmen Alves y Elsa Gómez del Tribunal de Apelaciones en lo Civil, y Juan Carlos Hidalgo del Tribunal Político y Administrativo. y Malaquías Gil.

Además de los diez puestos que se están liberando, hay otras vacantes acumuladas que también hay que cubrir. Uno de ellos es Carlos Alexis Castillo, a quien el presidente nombró secretario del Trabajo el mes pasado. Desde 2024, el Tribunal Constitucional también ha tenido dos vacantes por el nombramiento de magistrados como embajadores: Gladys Gutiérrez, quien fue enviada a Madrid ese año y luego jubilada, y Calixto Ortega, quien fue designado representante de Venezuela ante la Corte Penal Internacional en 2020, tres meses después de ser reelegido como magistrado por la Asamblea Nacional chavista. Dejó el cargo en 2006 y no volvió a incorporarse. corte.

A estas vacantes se sumó Bárbara César Siera, quien dejó el cargo ese mismo año sin mayores explicaciones, a pesar de haber cumplido diez años en el cargo. El TSJ declaró su “ausencia absoluta” y designó un sustituto tras la detención de sus dos hermanos, ambos acusados ​​de conspiración, informó el diario venezolano Transparencia.

El nombramiento de nuevos magistrados de la Corte Suprema no crea ninguna expectativa real de renovación institucional, ni necesariamente abre la puerta a transiciones democráticas imaginadas. Presumiblemente, el nuevo juez estará más en sintonía que nunca con el estilo y los objetivos de Delcy Rodríguez, comprometido con el proyecto revolucionario de permanecer en el poder. Este patrón ya es evidente en los nombramientos de Larry Devoe a la Fiscalía y de Eglée González Lobato a la Defensoría del Pueblo, donde tampoco prevalecieron criterios de independencia durante el proceso de nombramiento.

Al cierre de la convocatoria la semana pasada, 94 personas se habían registrado para integrar la Comisión de Nominaciones Judiciales (órgano que será responsable de la calificación de los candidatos a la Asamblea Nacional). El organismo estará compuesto por 11 representantes y 10 representantes del sector de la sociedad civil. Se revisarán las calificaciones académicas, la experiencia profesional y la ausencia de antecedentes penales o sanciones administrativas del solicitante de conformidad con la ley.

Como tribunal más alto del país, el TSJ desempeña un papel clave a la hora de frustrar los intentos de la oposición de llegar al poder mediante elecciones. En 2017, un fallo de la Asamblea Nacional, elegida el año anterior, “desacató la Constitución” por su enfrentamiento con Maduro, lo que resultó en una mayoría aplastante para la oposición pero la pérdida de sus funciones constitucionales.

Después de las elecciones presidenciales de julio de 2024, cuando la oposición denunció fraude, los tribunales volvieron a servir al régimen. La Comisión Electoral organizó entonces un acta de acuerdo en cadena nacional, en la que unos supuestos “técnicos” verificaron las actas y declararon válida la disputada victoria de Nicolás Maduro, ignorando actas alternativas que la oposición decía tener. Al mismo tiempo, el régimen ha lanzado una dura represión contra los activistas de la oposición.

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