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El ex embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, respondió el miércoles a las preguntas actuales de México sobre el caso de Ismail. posible Zambada. La sorprendente emboscada que provocó la detención del jefe de la historia al otro lado de la frontera hace dos años vuelve a ser el centro de atención. La presidenta Claudia Sheinbaum acusó al FBI de orquestar o al menos participar en una supuesta traición dentro del cártel de Sinaloa, abriendo otro frente en la campaña contra la interferencia de la Casa Blanca. Además, la Fiscalía General de la República (FGR) acusó este miércoles a agencias estadounidenses de proporcionar información “falsa e insuficiente” al respecto. El presidente ordenó al entonces embajador Salazar que explicara. Salazar respondió negando rotundamente cualquier conexión: “Este no era nuestro avión, este no era nuestro piloto y esta no era nuestra operación”.

México está utilizando el caso Zambada como bandera para luchar contra la presión estadounidense. Los inusuales cargos de narcotráfico del Departamento de Justicia contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, y otros nueve altos funcionarios estatales siguen en curso, con una amenaza velada de presentar cargos contra el gobernador activo acusado de ser un político narco. El detonante que volvió a centrar los focos en el caso Zambada fue la noticia de que el hijo de El Chapo, Joaquín Guzmán, era sospechoso de traición y que la avioneta que transportó a Zambada a Estados Unidos estaba exhibida como trofeo en un museo de Nuevo México.

El presidente pasó toda la mañana del martes discutiendo el caso, al menos ignorando la falta de información del presidente. México también ha puesto en marcha mecanismos legales. La procuradora general Ernestina Godoy detalló en una conferencia de prensa el miércoles que el incidente ocurrió cuando al personal de la procuradora general se le negó primero el acceso a la oficina del FBI en El Paso, Texas, y luego al aeropuerto de Santa Teresa, Nuevo México, donde estaba estacionado el avión.

“No se proporcionó la información requerida” y “no se permitió la fotografía”, dijeron los fiscales, y agregaron que “las autoridades norteamericanas proporcionaron datos de identificación falsos e inexactos de la aeronave”. Según los cargos mexicanos, lo más extraño fue la situación del piloto del avión. Estados Unidos no proporcionó información sobre él, “excepto para decir que pidió ser deportado a México tan pronto como aterrizó”. Pero los fiscales señalaron que sus aventuras no terminaron ahí: continuó cometiendo crímenes en México y luego fue arrestado y extraditado a Estados Unidos.

La acusación personal de Sheinbaum contra Salazar tiene relación con el hecho de que, según el presidente, México “solicitó en repetidas ocasiones información a Estados Unidos sobre la posible implicación de sus agencias en el caso Zambada”. El presidente confirmó que la respuesta del embajador en ese momento fue “ninguna implicación”. Los detalles del avión están expuestos como trofeos y la pose parece romperse. “Entonces”, añadió el presidente, “la primera pregunta es, ¿quién miente aquí? ¿Salazar?”.

El diplomático respondió asegurando que el fiscal general Merrick Garland y él mismo “se comunicaron con el gobierno mexicano respecto de los arrestos de Ismael Zambada García y Joaquín Guzmán los días 25 y 26 de julio de 2024”, negando cualquier conexión con lo sucedido. “Los hechos son hechos, los hechos son hechos”, añadió Salazar en un mensaje publicado en sus redes sociales. El exembajador también mencionó su biografía, que repasa su etapa como diplomático en México. El libro avivó aún más la controversia porque el expresidente Andrés Manuel López Obrador temía que El Meo hablara con las autoridades estadounidenses sobre su gobierno y sus vínculos con el narcotráfico. “Si alguna preocupación tenía el presidente López Obrador era la participación de Estados Unidos en la captura de Mayo”, recordó Sheinbaum.

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